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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

privilegio para los sentidos

Un balcón sobre el Valle de Lecrín en Melegís rinde homenaje a los emigrantes de los sesenta con esculturas ingeniosas y coloristas inspiradas en sus vivencias

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Divisar la pureza del Valle de Lecrín desde cualquiera de sus rincones es siempre un privilegio para los sentidos, pero contemplar sus paisajes desde un lugar donde la fantasía de una casa de muñecas se mezcla con el arte más contemporáneo es sin duda una de las mejores alternativas.
A medio camino entre Granada y la Costa Tropical se encuentra el pueblo de Melegís, perteneciente al municipio de El Valle. En su recta final, un mirador invita al visitante a detener su vehículo para disfrutar de las hermosas vistas que desde allí se dirigen hacia los pueblos de Restábal, Pinos del Valle y el pantano de Béznar, siempre flanqueados por el patrimonio natural del municipio que tiene como protagonistas a frondosos campos de naranjos y limoneros.
Desde este balcón, construido en el año 2005, es posible relajarse y echar la vista atrás más de cincuenta años. No en vano, fue concebido para rendir homenaje a los emigrantes del municipio. Con un salpicado de esculturas ingeniosas y coloristas, se recuerdan sus historias y vivencias sin perder de vista el punto de referencia, anclado en lo que significa vivir en El Valle.
Sin duda, el municipio puede considerarse un lugar idóneo para la creación en el que, desde hace nueve años, estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de Granada residen durante el mes de julio para desarrollar su creatividad bajo el amparo de las Becas Al Raso. Un proyecto que ya está plenamente consolidado y en el que en varias ocasiones ha colaborado la autora de este mirador, Elena de Vicente.
El organizador de la beca y profesor titular de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de Granada, Víctor Borrego, fue el encargado -a instancias del Ayuntamiento de El Valle- de buscar a la persona idónea para diseñar el lugar. Elena, escultora zaragozana que realizó sus estudios en Granada, aceptó encantada.
«La experiencia fue magnífica y muy divertida, sobre todo para un escultor. Tanto la gente que trabajó en la obra, (albañiles, mujeres cumpliendo sus días de paro, etcétera), como los propios vecinos de El Valle, me acogieron muy bien y fueron entrañables conmigo. Tengo muy buen recuerdo de cuando empezó este trabajo», recuerda Elena.
La emigración
Elena sólo recibió una directriz antes de ponerse manos a la obra: el mirador debía homenajear a los emigrantes de El Valle. Esta era la pauta a seguir. «El cómo hacerlo fue libre, así que me inspiré en la historia y en las vivencias de los propios emigrantes», recuerda.
Parte de esta población comenzó a marcharse a partir de los años sesenta a países como Francia, Alemania, Suiza, o a otras regiones españolas, sobre todo Cataluña. «Muchas de las esculturas de este mirador parten de los 'souvenirs' que la gente guardó como recuerdo en sus casas, o son regalos de las empresas donde estuvieron trabajando», dice la artista.
Por eso, en las pilastras del balcón están incrustados objetos como una lámpara, una aceitera, un juego de tazas de té, maletas, un viejo teléfono, herramientas de trabajo o un televisor.
Pero sin duda, los elementos que más llaman la atención de los visitantes son los originales sillones que recrean el mobiliario de una sala de estar. «La idea de los sillones parte de lo cotidiano, de la sensación del 'no hay nada como volver a casa', así que había que hacer asientos tan cómodos y detallados como los del propio hogar, y qué mejor que trasladarlos al aire libre para divisar las vistas tan bonitas que ofrece este mirador», añade.
En cuanto a las cerámicas que decoran estos asientos, Elena afirma que «tienen un aire chino por la mirada que se produce al volver hacia el sur, cuando la luz del sol te hace apretar los ojos como a los ciudadanos orientales; los colores son alegres, vivos, le dan un punto de choque y encuentro desde la carretera».
Los materiales de construcción son diversos: cementos de colores, piedras, bronces, cerámicas... Todos elaborados en Granada. «Hay algunos de los relieves que son objetos encontrados allí o dados por los visitantes in situ, como fósiles o una bovina eléctrica», apunta Elena.
En los orígenes del mirador, la escultura central recreaba un burro de bronce, que Elena tardó dos meses en hacer. Tenía una tapa con la cara de una niña china, las orejas se movían y el rabo era sustituido por un grifo. «En realidad es una fuente. Esta figura me llamó la atención por ser uno de los recuerdos más repetidos que adquirió la gente en Alemania, y varias casas del pueblo tienen este mismo burrito que saca cigarrillos levantando el rabo al mover las orejas», afirma la escultora.
Robo y desplome
Pero la figura desapareció. «Me da pena que no esté colocado en el mirador tal y como se diseñó en un principio, pues era muy significativo y característico», añade.
Tras su construcción inicial, el mirador de Melegís pasó por varias fases. Poco tiempo después de estar terminado, parte de él se desplomó. Había que hacerse cargo de su reconstrucción y, en ausencia de Elena, el artista José Antonio Piñero asumió la restauración basado en las ideas que la autora original dejó apuntadas en un cuaderno. Fue el encargado de reparar las sillas y el suelo, y elaboró otras figuras moldeadas con cemento.
Turistas y visitantes
Dice Elena que la belleza de este mirador sale del mimo y del cariño de cómo esta hecho. Una reflexión que avalan los turistas y visitantes que pasean por él, quienes suelen aclamar el original diseño de los elementos, capaces de sorprender a cada paso.
José Antonio Vallejo, dueño del Restaurante Los Naranjos, que se sitúa justo en frente del mirador, certifica que «desde primera hora de la mañana y hasta la noche, el paseo es muy frecuentado por los visitantes que vienen al Valle. Es muy raro que un coche foráneo no se detenga para disfrutar de las vistas del mirador», afirma.
Y es que este es uno de los lugares del municipio más fotografiados. Los sillones suelen llamar mucho la atención y hacia ellos es donde más se dirigen los flashes de las cámaras. «Parece que está blandito, es increíble», dice una señora mientras se recuesta en el butacón. «Una 'chaise longue' ideal para disfrutar de las vistas», añadía una turista extranjera.
Las figuras coloristas también generan expectación. «Es un diseño increíble: no te cansas de mirar cada detalle y cada uno te sorprende más que el anterior. La silla de anea es perfecta, igual que la que tenía mi abuela. Estar aquí, con estas vistas, es un gusto para los sentidos, no te dan ganas de irte nunca», asegura otro visitante, encantado con el lugar.
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