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Costa

07.07.09 -

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Los grandes eventos de las fiestas de Motril, aquellos actos cuyo poder de convocatoria era y es manifiesto, han estado siempre sujetos a la discrecionalidad de las corporaciones gobernantes en cada momento, lo que ha impedido que muy escasos acontecimientos rebasen la decena de años y puedan adquirir el 'caché' necesario para erigirse en sellos de identidad de las fiestas locales. Así desaparecieron, en las últimas tres décadas, las cabalgatas de feria, los gigantes y cabezudos, las capeas, el toro de cuerda, los multitudinarios festivales de rock, etc.
Pero si en los últimos años un espectáculo ha conseguido acaparar el interés de la ciudad y de sus visitantes, además de dar lustre a las fiestas, ha sido el piro musical. Un 'invento' que resultó del empeño personal de la concejal socialista Araceli Puertas, quien lo instauró en 1993 al mismo pie del Cerro y desde la explanada anterior del Parque, constituyendo un éxito que obligó a recrearlo -un año después- desde el interior del propio Parque. Hasta el año 2000, la cita se convirtió en un referente que coronaba la tradicional ofrenda floral de la Patrona, hasta el punto de rebasar, algunos años, cifras espectaculares de asistencia de público. Tanto que ese año, a tenor de la envergadura de los fuegos y del ya excesivo porte de la vegetación de toda la zona, el Ayuntamiento tuvo que decidir el traslado del evento por motivos más que evidentes de seguridad en todo el perímetro sur de la ciudad.
El fiasco del Cortijo
No fueron pocas las protestas cuando el piromusical abrió las fiestas de 2001 desde el propio ferial del Cortijo del Conde. El traslado fue un fiasco que apenas congregó a 2.000 personas en un lugar incómodo, sin visión, con una carretera de por medio y ahogado por el estrépito de las atracciones de feria.
Al año siguiente, y avalado por el precedente del desplazamiento masivo de público a la playa, durante las hogueras de San Juan, la concejalía de Fiestas probó suerte y anunció la quema del castillo, animado por miles de vatios de sonido, en la zona más amplia de la playa de Poniente: La desembocadura de balate de la Culebra.
Una vez más, Araceli Puertas se la jugó y esta vez le salió bien: Un colapso sin precedentes se adueñó de la playa y más de 20.000 personas disfrutaron del espectáculo que, para más atractivo, realiza una empresa de la ciudad, la pirotecnia Esteban Martín, cuyo prestigio le llevó a realizar también el espectáculo piro-musical que acompaña a la Virgen de la Antigua, patrona de Almuñécar.
La polémica
La polémica llegaría un año más tarde cuando, bajo la directriz de la edil popular Manuela Santiago, el equipo de gobierno barajó suprimir el evento por motivos presupuestarios y cambiarlo por otro acto, lo que se tradujo en una sonada bronca política y una airada reacción popular contraria. El Ayuntamiento dio marcha atrás y mantuvo el espectáculo sensiblemente recortado, lo que provocó que incluso el público brindara a los políticos una pitada en plena playa.
El intento llegó a propiciar, incluso, que se abriese un debate sobre la idoneidad de que se constituyese una comisión o patronato de fiestas mayores de Motril, integrado por ayuntamiento, asociaciones y agentes sociales, que evitase que las fiestas fuesen moneda de cambio y que diseñase por consenso un programa de festejos. Pocos años más tarde, la concejala socialista Pilar Benítez aumentó el presupuesto de los fuegos y los mantuvo en su sitio. Cada año se desplazan a la playa miles de vehículos e incluso autobuses de provincias limítrofes; atraídos por la belleza del espectáculo, las condiciones totalmente diáfanas de visión y la amplitud de la playa. La hostelería de la zona está encantada con esa celebración.
Ahora, a Nicolás Navarro le ha tocado lidiar con el año de la 'crisis' y con una -seguro- nueva polémica por los cohetes, a pesar de que el pasado año, una vez más, el piromusical fue un éxito.
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