La niña pequeña de Manolo cree en 'superman' y 'spiderman', los superhéroes de ficción bautizados por el cine. Pero su padre, se convirtió en la madrugada de ayer en un héroe de carne y hueso, no de ficción. Nadie sabe, si la mujer que recibía una paliza cerca de la calle San Antón hubiera podido morir si no llega a intervenir.
Después de una velada con amigos, se dirigía sobre las 2,30 de la madrugada del jueves por Recogidas. «Oí gritos de una mujer quejándose por los palos que estaba recibiendo». Este hombre no optó por la huida. Fue buscando las voces de la agredida entre las calles paralelas a San Antón. Y cuando se asomó a la calle Frailes, una anterior al hotel Casablanca, observó cómo un hombre muy bien vestido abofeteaba a una mujer, le tiraba de los pelos y le lanzaba puñetazos. «Llamé a la Policía por teléfono, pero este individuo continuaba erre que erre, y me acerqué para separarlo». No dudó.
Pese a las voces de la mujer y la sonora paliza que propinaba el agresor a su compañera nadie se asomaba por los balcones de esta vetusta calle. «Me acerqué a él y lo separé de la mujer. Le dije que tuviera cojones a pegarme a mí como lo hacía con su compañera». Según consta en la declaración, el agresor le invitó a «no meterse donde no le llamaban». Pero el 'machito' violento, que había demostrado su fuerza con la compañera a base de humillarla verbal y físicamente, se amedrentó. «Al principio hizo un ademán de envalentonarse, pero tardó poco en rebajar sus humos».
Manolo se vio obligado a reducirlo y viendo que la policía no llegaba llamó por teléfono de nuevo para requerir la presencia de los agentes. «Tras la segunda llamada se personaron allí de inmediato».
Huida de la víctima
En este rifirrafe, la mujer pegó la estampida y se marchó a su casa. Al parecer, tanto ella como el agresor comparten domicilio en un piso de la calle Recogidas. No son precisamente de clase baja. «Yo le insistí para que presentara denuncia contra su agresor, pero se marchó corriendo. Cuando llegó la policía, ella no estaba allí.
«Yo, mientras lo tenía reducido, aproveché para decirle que era un cobarde, que esas cosas no se hacían, que eso no era cosa de hombres, sino de mala gente». De repente, el agresor se empezó a acordar de su madre y a llamarla a voces: «mamá, mamá». Y... la madre apareció en medio de la calle a ver a su hijo. Al parecer, el domicilio de esta otra mujer se encontraba en la misma calle San Antón. Al escuchar las voces del hijo, bajó para auxiliarle, según han contado otros testigos del suceso.
Manolo, con 33 años, 18 de ellos casado con la misma mujer, dos hijas de 2 y 17 años, y en la actualidad está en paro, no se arrepiente de nada. «Volvería a actuar de la misma manera, porque la violencia es algo que no soporto, me repugna. No es cuestión de ser más o menos feminista, sino de ver que le está haciendo daño a otra persona que no puede defenderse y actuar en consecuencia».
La Policía se llevó detenido al agresor, pero antes de entrar al coche arrojó una navaja de 18 centímetros de hoja al suelo. «Cuando la vi me quedé blanco y un agente me comentó que había vuelto a nacer».
Versión policial
Fuentes de la Policía Nacional consultadas por IDEAL, confirmaron el relato de Manolo, corroboraron que salió en defensa de la mujer agredida y que el presunto maltratador se encaró con él. Sin embargo, el joven no se arredró y retuvo al supuesto agresor hasta que pudo entregárselo a la patrulla de la Policía Nacional que acudió en su auxilio.
La víctima no quiso presentarse ni ser reconocida como tal en ningún momento. Pese a las evidencias, se negó a formular denuncia y, en cuanto vio la ocasión, se fue del lugar de los hechos sin dejar rastro. No obstante, la Policía actuó de oficio.
El sospechoso, de 61 años de edad y con antecedentes penales -al parecer, no por violencia hacia la mujer, sino por estafa y robo-, continuaba detenido en dependencias policiales a última hora de la tarde de ayer.
La versión que maneja la Policía Nacional coincide con la de Manolo. De repente, unos gritos en la oscuridad y un joven que los escucha y no pasa de largo. Instantes después, se topa con un sujeto que, en plena calle, está propinando una brutal paliza a una mujer. Manolo interviene, reduce al agresor y lo retiene hasta que llega la Policía para llevárselo. La víctima no ha denunciado.
La hija menor de Manolo tiene un héroe más en su colección, pero de carne y hueso. La sociedad también, aunque pase a la historia de forma anónima.