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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Granada

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El aluvión de obras multiplica por dos el caos habitual de tráfico
Los accesos a la ciudad se colapsan a diario porque la autovía se «usa como una calle más», señala el concejal de Tráfico, José Manuel García. / ALBA MUÑOZ
El metro, si se cumplen los plazos previstos, comenzará a surcar el subsuelo de Granada en mayo de 2011. Y con la irrupción del nuevo medio de transporte, se supone que el caótico tráfico rodado de la ciudad y su extrarradio ganarán fluidez. Porque bajo suelo viajarán unos 12 millones de pasajeros al año, cerca de 33.000 viajeros diarios. El metro podrá quitar casi 11.000 vehículos al día de la Circunvalación. Pero eso es el futuro.
Mientras llega el esperado momento de cortar la cinta roja del metropolitano, los conductores aguantarán -durante casi tres años- aún más atascos de lo habitual. Increíble, pero cierto. Porque las obras del metro han deteriorado la movilidad en Granada, que padece los cortes de arterias fundamentales como Camino de Ronda, Avenida Carlos V y Avenida Federico García Lorca... y todas las que quedan por cortar. La ciudad -con su pobre infraestructura viaria- se ha convertido en un atasco continuo en el casco urbano y en sus accesos en las horas punta. El extrarradio es la media naranja de Granada, no se conciben el uno sin el otro, por lo menos en lo que a tráfico se refiere. Porque la periferia -donde reside la mitad de la población de la Aglomeración Urbana de Granada, casi 500.000 personas- introduce o saca en esas horas más del 80% de los vehículos que discurren por las calles.
Los 97 puntos del Plan ZP
Y por si el metro no era suficiente para poner Granada patas arriba, a mediados de abril se dio el pistoletazo de salida a las 90 obras - 7 se habían iniciado ya- del llamado Plan Zapatero (Fondos de Inversión Local que gestiona el Ayuntamiento). Entre ellas, los arreglos del Salón y el Violón.
El Plan ZP de Mantenimiento, centrado en la supresión de barreras arquitectónicas, además de obras en colegios públicos, alterará la vida de calles y zonas completas, como el Barrio de la Magdalena. En él se peatonalizarán las calles que acceden desde Alhóndiga hacia Puentezuelas, y desde ese punto hasta la plaza Gracia.
Al final, las obras han complicado tanto el panorama que el trabajo y los colegios -por ejemplo- están ahora, como por arte de birlibirloque, el doble de lejos para los granadinos que circulan en coche. Según corroboran el concejal de Tráfico, José Manuel García Nieto, y el inspector de Policía Local, José Antonio Ayuso, del área de Movilidad, el tráfico es un 50% más lento desde que se descorcharon las obras del metro.
A pie de calle lo confirman granadinos como Trinidad Ruiz, que acude a diario desde La Zubia al centro de salud de Gran Capitán. «Una conductora frustrada» que ha visto cómo sus antiguos quince minutos al volante se han convertido en desplazamientos de media hora. Cada día, no le queda otra que esperar estoicamente dentro de su Peugeot 207. Como al resto de granadinos...
O no. Porque según los expertos, esto tiene solución: 'europeizarnos'. Urbanistas como José Lluis Cañavate, asesor de varias ciudades españolas en su planeamiento, creen que la desaparición de las congestiones pasa porque las urbes dejen de diseñarse para los coches, apuesten por el transporte público y, fundamentalmente, den prioridad al transporte humano por antonomasia: andar. Una ciudad de dimensiones pequeñas, como Granada, se presta a ello.
Descenso de viajeros
El concejal de Tráfico, José Manuel García Nieto, ratifica que en los último meses las cifras de viajeros de Transportes Rober han descendido ligeramente (5%) porque los autobuses urbanos de Granada no se libran de las aglomeraciones y porque la crisis ha animado a los ciudadanos a mover las piernas. Sin embargo, la circunvalación se sigue empleando «como una calle más para desplazarse dentro de la ciudad y eso lo complica todo, ya que la actual A-44 ha superado su capacidad en algunos tramos, sobre todo en los enlaces».
El edil recuerda que tres proyectos diseñados hace diez años -para mejorar la movilidad de Granada- no se harán realidad hasta finales de 2011, según los mejores pronósticos. A saber: el cierre del anillo de la circunvalación (rodeará toda la ciudad), las VAUS (pequeñas carreteras secundarias que unirán el área metropolitana) y la segunda circunvalación (aliviará el 20% del tráfico que pasa por la actual).
En la ciudad también se incumplen las recomendaciones del POTAUG (Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Granada) respecto los trenes de cercanías, de los que sólo se está acometiendo la línea 1 (Albolote-Armilla), mientras duermen el sueño de los justos la Cornisa Sur, la Zona Oeste del Área Metropolitana, Aeropuerto y resto de las poblaciones.
Lo peor: todas esas obras que vendrán a salvarnos de los atascos están aún por hacer, así que la que se avecina en las rondas exteriores y calles de Granada puede ser peor. Pura ley de Murphy.
En medio de tal vorágine, hay cifras que dan que pensar. Primero, los usuarios del Consorcio de Transportes de Granada (autobuses que conectan el área metropolitana con la ciudad) han descendido a finales de 2008 y principios de 2009 «por la crisis», recuerda el director de la empresa, Pedro Julián Lara, quien insiste en que esa es una tendencia generalizada de otras ciudades andaluzas debido al aumento del paro. Por otra parte, el 17% de los habitantes del área metropolitana son usuarios habituales del transporte público (91.000 tarjetas). Un porcentaje irrisorio.
A pesar de todo, los ciudadanos seguimos erre que erre usando el coche. Según los últimos estudios de movilidad de Granada, en 2008, en los trayectos a motor aún se usó en un 55% el coche y en un 45% el autobús. Y de los desplazamientos en total, un 57% fueron a pie, mientras que los que se montaron en bicicleta y pedalearon fueron estadísticamente inapreciables. Quizá es hora de ser más europeos...
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