Trinidad Gan (Granada, 1960) presentó ayer en la Feria del Libro su último poemario, 'Caja de fotos', ganador del XIII Premio Surcos de Poesía y editado por Renacimiento. Empezó a escribirlo cuando actuaba en el grupo Liorna Teatro, y el libro está impregnado de esa experiencia. «Me expreso bajo el disfraz de unos personajes. Los poemas se desdoblan en varias voces que van dialogando o interpelan al lector», explicó. Ubicados en escenografías concretas de la ciudad, parten de «anécdotas ligeras» y encarnan miradas distintas sobre la fragilidad de las relaciones humanas, el amor y el desamor, el deseo, la pasión no correspondida.
«Es una caja de fotos y no un álbum ordenadito, enmarcado y señalado con sus cronologías exactas -argumentó la autora-. Es como una caja donde están las instantáneas mezcladas, revueltas. Hay poemas que son como fotos fijas; en otros, el personaje aparece más desdibujado, como si la foto estuviera movida, o hay un interlocutor en segundo plano; y a otros poemas se les podría dar un 'play' para que saliera una pequeña escena teatral o una secuencia de vídeo; son como breves relatos».
La escritora señaló que, además de una lectura directa, estos poemas de lenguaje directo y cotidiano contienen una mirada irónica. «Como mujer, me voy desnudando de una serie de capas y descubro el fondo inconsciente con los arquetipos ideológicos, políticos o morales que han marcado la educación de mi generación». En todo caso, recordó que «un poema nunca está terminado hasta que lo completa el lector».
Primera fila de la vida
Gan se mostró muy satisfecha con la obtención del Premio Surcos, que otorga un colectivo destacado en el panorama literario y muy comprometido socialmente. «Estoy muy orgullosa de ser una 'surquera' más», afirmó.
No es su primer galardón literario. En 2007 obtuvo con 'Fin de fuga' el XX Premio de Poesía Cáceres Patrimonio de la Humanidad, editado por Visor. Anteriormente había publicado 'Las señas del pirata' (Cuadernos del Vigía, 1999) y 'De memorias ciertas y otros falsos recuerdos' (Vitola de Anaïs número 20, 2005). Licenciada en Filología Hispánica y empleada de una caja de ahorros, Gan no encuentra contradicción entre su trabajo y su pasión. «El arte no es patrimonio exclusivo de nadie. Cualquiera puede hacerlo si tiene algo que contar y lo quiere compartir», aseguró la escritora, que recordó que siempre ha habido poetas entre los funcionarios y los contables. «En mi trabajo estoy cerca de la gente y de lo que está pasando: la mezcla intercultural, la crisis, los sueños y los desafíos. todo eso lo veo en primera fila. Me sirve de material para la poesía y para la vida. Es enriquecedor».
Trinidad Gan se siente identificada con la corriente de la poesía de la experiencia, por la época en la que empezó a escribir y por el lenguaje cercano al lector y a la calle. Por ello, citó a Luis García Montero, Álvaro Salvador, José Carlos Rosales, Ángeles Mora o Javier Egea entre los poetas que más influyeron sus comienzos. Pero también se declaró «muy ecléctica» y afirmó que se enriquece con todo lo que lee, lo que incluye a la nueva generación de poetas granadinos, desde Andrés Neuman y Erika Martínez hasta Juan Andrés García Román o Rafael Espejo. «Los poetas siempre estamos leyéndonos unos a otros», admitió.
Su próximo poemario es una incógnita: tiene una mesa enorme con varias carpetas abiertas con diferentes proyectos. «Y no sé cuál madurará antes».