El Príncipe de Gales lo dijo en los años ochenta: «Hay que reconocérselo a la Luftwaffe: cuando destruyeron nuestros edificios no los sustituyeron por algo más ofensivo que los escombros; eso lo hicimos nosotros». Son palabras fuertes en boca de un heredero a la corona, y el príncipe no ha cesado desde entonces su cruzada en defensa de su concepto de la arquitectura.
Sus ideas las expresó en detalle en un libro, 'Una visión de Reino Unido', que sus portavoces resumen ahora así: «El príncipe cree que los edificios deben ser diseñados en una escala humana y deben ser sostenibles, deben respetar el carácter del entorno local y ser capaces de una variedad de usos a lo largo de su existencia».
A través de una Fundación para el Medio Ambiente Construido, Carlos promueve proyectos concretos, como la construcción de una pequeña ciudad, Poundbury, en su hacienda del ducado de Cornualles, de edificios en otros lugares o de la formación profesional de arquitectos de acuerdo con sus ideales de armonía urbana.
Pero la defensa de su idea de la armonía ha estado acompañada también de ataques. En un discurso al Colegio de Arquitectos, en 1984, se felicitó «de la reacción ante el movimiento moderno» y no dudó en descalificar como odiosos proyectos y edificios de algunos de sus más acreditados representantes, de James Stirling a Richard Rogers.
La intervención del príncipe fue decisiva para que el proyecto del italo-británico Rogers para la reorganización de Paternoster Square fuera descartado. Y ahora está haciendo lo mismo para impedir que el Ayuntamiento de Westminster dé el visto bueno a su diseño para la construcción de 552 viviendas en los viejos cuarteles del barrio de Chelsea.
El príncipe Carlos ha escrito al emir de Qatar, que es el propietario de la empresa constructora, para convencerle de que deseche el proyecto de Rogers, cuando la decisión ya está pendiente sólo de la aprobación final del comité municipal responsable.
Y el heredero de la Corona ha repetido una táctica que ya puso en práctica en el pasado. Ha encargado a uno de sus arquitectos preferidos, Quinlan Terry, un diseño que, en su juicio, responde mejor al entorno del barrio y, en particular, a la estampa del vecino Royal Hospital, que levantó Christopher Wren, el gran arquitecto del siglo XVII.
Ambos proyectos tienen defensores y detractores. El de Rogers -que ha diseñado en España la nueva terminal de Barajas o, junto a Vidal y Asociados, el masterplan de Valladolid, entre otros- es más contemporáneo, con acero y cristal como materiales exteriores. El de Terry es del estilo neoclásico que prefiere el príncipe.
Carta
Varios arquitectos galardonados en los últimos años con el más prestigioso premio internacional, el Pritzker -Norman Foster, Zaha Hadid, Renzo Piano, Frank Ghery, Jacques Herzog y Pierre de Meuron, y Jean Nouvel- han escrito, junto a otras cuatro personalidades británicas del arte y el diseño, una carta que critica al príncipe.
No entran ya en el debate sobre sus gustos arquitectónicos. Esta vez le reprochan que pervierta el proceso democrático de toma de decisiones sobre proyectos urbanísticos con «presiones en la trastienda». Los portavoces del príncipe rechazan comentar nada sobre el asunto, porque dicen que se refiere a correspondencia privada, su carta al emir de Qatar.