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El mapa de los circuitos sociales de la ciudad para combatir las necesidades más básicas y urgentes, cada vez está más colapsado. Y al mismo tiempo aumenta el número de usuarios que acuden en busca una ayuda del tipo que sea.
Los comedores de San Juan de Dios y Regina Mundi que ofrecen comidas gratuitas han duplicado el número de comensales. Y entre ellos, acuden personas que hasta hace pocos meses disponían de un trabajo. Ahora no tienen ni para comer.
Lo mismo ocurre en el comedor de Edicoma que ofrece cenas en la calle Colegios o el servicio que presta la oenegé Calor y Café, que además de facilitar meriendas, permite a sus usuarios asearse, cambiarse de ropa o guardar las mochilas o bolsas que arrastran de un sitio para otro de la ciudad buscando un sitio donde dormir o comer a diario.
Desde el Ayuntamiento apuntan que son las organizaciones religiosas las que más se están volcando en dar cobertura a las necesidades sociales del momento. Cáritas con su red de parroquias repartidas por la ciudad, Chana, Zaidín y Zona Norte atiende todo tipo de demandas. «Desde gente que nos pide ropa a los que solicitan comida o ayudas económicas o los que piden una cama en un albergue», dice la trabajadora social, Remedios García.
La demanda para el pago de alquileres la está cubriendo el Ayuntamiento, aunque llega hasta donde puede, y no siempre se puede alcanzar lo que realmente haría falta. En Casería de Montijo, sigue encerrado en la parroquia del barrio Santiago Cortés. Si nada lo remedia, el banco le embargará su piso por impago. Él, su mujer y sus hijos, le han puesto cara a este desfalco del capitalismo que está dejando en la cuneta a miles de ciudadanos, inmigrantes incluidos.
Cáritas cerró el año 2007 con un 50% más de demandantes de algún tipo de ayuda. Y por aquel entonces, la crisis sólo había empezado a asomar sus dientes. Ahora ha pegado el bocado y no se sabe aún hasta cuándo seguirá mordiendo.
En el circuito de ayudas sociales, la red de oenegés y servicios sociales también ofrecen sitios donde tomar una ducha, también estos centros están saturados, tanto el de la calle Colegios, como el de la calle Aranda. Y si faltaba algo, una asociación religiosa de Loja también ayuda, como una banca ética, a dar créditos para montar negocios que den trabajo. La condición: ser pobre.
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