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La Ruta de La Virgen Jete

Dos importantes romerías se celebran cada año en la Costa Tropical: Bodíjar en abril y Jolúcar en agosto. Y la primera será este próximo domingo día 26 cuando centenares de peregrinos acompañen a la hermosa Virgen de Bodíjar desde la iglesia parroquial de Jete hasta su histórica ermita, a través de cultivos de aguacates, chirimoyas y níspolas. Es hora de madrugar y subir por la 'cuesta' a los sones del coro rociero para disfrutar de una auténtica jornada de romería, de fervor religioso y de fiesta popular. Ascensión junto al paso de la Virgen con paradas en los cortijos, cohetes, cantos y rezos que culminan con la peregrinación más multitudinaria del valle de Río Verde
19.04.09 -

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Camino de fervor
. Los romeros cantan a la Virgen de Bodíjar en la celebración de la Eucaristía. /RAFAEL GAN
Turismo religioso. Así podemos calificar la propuesta de esta semana, una corta pero empinada ruta a pie para ir en romería junto a la imagen de la Virgen de Bodíjar, pequeña y preciosa talla de la localidad de Jete. Que, si el tiempo lo permite, saldrá de su templo parroquial a las 8.30 de la mañana el domingo que viene, día 26.
Cuestión pues de madrugar que, de verdad, merece la pena vivir una de las experiencias más recomendables y auténtica -aunque suene a topicazo- que se pueden tener en la Costa Tropical y sólo un día al año. ¡Que hasta 4.000 personas se dan cita en este acontecimiento histórico!
Religioso sí pero popular también; acto de fe, claro está, y también actividad de diversión que incluye procesión matinal, misa cantada y rosario además de acampada nocturna de jóvenes, paella popular y ambiente festivo durante todo el día.
La más antigua
«Tiene Jete dentro de su jurisdicción el célebre santuario de Nuestra Señora de la Cabeza de Bodíjar, que dista del pueblo media legua hacia levante por una cuesta arriba bien pendiente y escabrosa». Así relataba en 1795 el geógrafo Tomás López la existencia de la ermita más antigua de toda la Costa granadina, del siglo XVI y con ermitaño durante décadas. Y cuyo origen se remonta a la tradición de la aparición de la Virgen a un pastor local en esta antigua alquería morisca.
Hoy en día es un templo restaurado -este año estrena bancos y la ventana del camarín-, emplazado en medio de un paraje natural único y rodeado de cultivos subtropicales o nísperos que exhiben sus frutos estos días -hoy mismo, 19 de abril, es el Día de la Níspola en la vecina localidad de Otívar- y a donde se llega o bien en coche, desde Otívar o Ítrabo, o a pie tras un buen paseo.
Y es que los auténticos romeros, los de mochila y bastón, saldremos de Jete -de Al yetah, 'A la orilla del río'- a las ocho y media de la mañana. En punto, calzados para la ocasión o incluso descalzos como suelen hacerlo algunas mujeres que cumplen mandas -promesas a la Virgen- por el camino. Avanzando deprisa por la carretera antes de acometer la vereda tradicional, perfectamente señalizada. La subida dura un par de horas, con los necesarios relevos de los costaleros, para culminar un trayecto de 3,5 kilómetros y 370 metros de desnivel, lleno de pasos complicados entre los árboles cargados de frutos. ¡Y la Virgen parece ir bendiciendo las fincas!
Uno de los momentos más bellos y emotivos de este camino es, sin duda, la parada de los romeros. Ya sea para tomar aliento, para recuperar a los rezagados o para disfrutar de la inmensidad del paisaje circundante pero, sobre todo, para honrar a los pocos habitantes de los cortijos que instalan sus mesas con encajes a fin de que también descanse la imagen y los bendiga de paso.
El primer alto es en el cortijo Villarosario, con ofrenda de velas y anís y dulces para los portadores del trono. Luego viene la parada habitual del cortijo Lorenzo, el más antiguo del pago con sus viejos techos de madera, entre un festival oloroso de celindos y grandes rosas, antes de 'atacar' las cuestas más difíciles y estrechas en donde un solo costalero va delante del paso y otro detrás. ¡Que tal vez sea para recompensar el esfuerzo que en El Parador -buen nombre para este sitio- la familia Aneas Alba ofrece con generosidad habas y bacalao, pestiños y buen vino del terreno! Un trecho más y, ¡hala!, ya estamos en El Malagueño, junto a la pista que conduce definitivamente a la ermita. «Más el santuario está en una planicie llana, dominante, con vista deleitosa al mar, ciudad de Almuñécar y su vega», continua López. Aquí, bajo el llamado Picacho de Bodíjar y junto a las Chorreras, magníficas cascadas de piedra toba que merecen una visita. Ya con la Virgen, talla de los años 40, por fin en su templo, la romería transcurre animada entre repiqueteos de campanas, encendido de velas, rezos, ir y venir de personas o caballistas, paella popular y continuas visitas a la concurrida barra del bar en donde Jesús Almendros, presidente de la Asociación de amigos de Bodíjar, se desvive en atender con simpatía a propios y extraños.
Pero antes de todo, es la misa solemne en el atrio abarrotado de personas junto al coro rociero de Maro que canta a la 'Moreneta' homónima de Andújar. Porque santuarios hay muchos y muy importantes pero el de Bodíjar «alberga una imagen milagrosa, a la que profesan especial devoción todos los pueblos del contorno hasta más de doce leguas», concluía con gran acierto Tomás López.
Y nosotros daremos fe si concluimos el próximo domingo esta ruta de fervor y diversión por el corazón de Jete.
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