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Cultura-Granada

La archivera Beatriz de Miguel desvela en un libro la evolución de prestigiosos linajes granadinos
29.03.09 -

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Memorias de familia
Beatriz de Miguel, con su libro. / RAMÓN L. PÉREZ
Moriscos que decidieron convertirse y fueron premiados por su fidelidad a los Reyes Católicos; nobles del norte de España venidos a menos que aprovecharon la Reconquista para buscar, en Granada, una mejor forma de vida ocupando las tierras de los muchos moriscos que se tuvieron que marchar, expulsados del país. La historia de Granada y sus familias es compleja pero apasionante, tal y como descubre el libro 'Archivos Familiares en el Archivo de la Real Chancillería de Granada'.
Su autora, responsable del Archivo de la Real Chancillería, Beatriz de Miguel Albarracín, ha ahondado en el análisis y estudio de documentos muy heterogéneos atesorados generación tras generación. Nos presenta un panorama interesante y completo de cómo fue la manera de vivir y, también, la evolución de unos linajes que alcanzaron gran peso social e influencia en nuestra ciudad, a pesar de su distinta procedencia.
Este trabajo arranca en el siglo XVI, con el asentamiento de las familias y los linajes que entroncarán con ellas. «Unos llegaron como militares al servicio del Rey Católico, los Martínez. Otros, como los López Maldonado, eran segundones de nobles familias que se vieron obligados a buscar mejor fortuna, viniendo desde el norte de España y repoblando, en circunstancias ventajosas, las tierras enajenadas a moriscos, punto de partida de su promoción social. Fundaron mayorazgos y llegaron a ser regidores», explica De Miguel.
Promoción social
El libro, fiel reflejo de la sociedad del momento, también recoge la historia de conversos o «moriscos colaboracionistas, evidentemente por necesidad», comenta la archivera Beatriz de Miguel. Es el caso del linaje fundado por Alí Abenajara, alfaquí de Fiñana, que decidió rendir pacíficamente la villa a los Reyes Católicos, bautizándose y adoptando el nombre de Diego López Benajara. «Su lealtad a la corona cristiana le sirvió para recibir tierras, ventajas tributarias y otras mercedes para él y sus descendientes. Fue alguacil y regidor de Guadix».
Los miembros de la sociedad de la época dedicaban un constante interés en promocionarse socialmente, adquirir o demostrar la condición de hidalgos y ser recibidos y censados como tales en las villas, pueblos o ciudades donde se asientan, para evitar impuestos y como prestigio personal. Este afán les lleva «no sólo a conservar filiaciones, partidas de bautismos, de matrimonios, etcétera, sino a fabricar genealogías que demuestren la calidad del linaje».
A partir de 1500, cuando la ciudad comienza a burocratizarse con la creación de instituciones como Arzobispado, Capitanía General, Universidad, colegios mayores o Chancillería, surge una tremenda competencia entre los distintos linajes por alcanzar altos cargos en las instituciones, que proporcionen influencias y poder, muy necesarios a la hora de pleitear. «Un cargo de cierta relevancia en la Chancillería de Granada, por ejemplo, era moneda de cambio para emparentar con los linajes más nobles o adinerados de la ciudad: dinero y linaje a cambio de poder e influencias. Es el caso de Manuel Lasso de la Vega», comenta la autora.
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