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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Granada

GRANADA

Los jóvenes sin piso que usan el coche serán los principales 'daños colaterales' de la ordenanza que prohibirá las relaciones sexuales en la calle
22.03.09 -

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«Como empiecen a multar, algunos no nos vamos a comer un rosco...»
Una pareja se abraza en un banco de un parque público./ IDEAL
La futura ordenanza de la convivencia tiene un objetivo claro, acabar con las escenas que viven a diario los vecinos de Carretera de Jaén, la zona en la que se concentra la prostitución en Granada. Ellos salen de sus bloques pisando una alfombra de restos de preservativos, y muchas veces, teniendo que mirar para otro lado para no presenciar encuentros subidos de tono.
Pero la citada ordenanza tendrá también daños colaterales, que sufrirán los jóvenes. La norma municipal va a convertir en cierta aquella canción del «qué difícil es hacer el amor en un...». Aunque aquí, lo de menos será el modelo de coche. La dificultad añadida estará ahora en evitar las multas.
«Uf, pues al Ayuntamiento no le vamos a poder hacer caso. Hasta que no nos corten el rollo, tendremos que seguir usando el coche, a ver...». Jesús, de 26 años, vive aún con sus padres y no ve muchas alternativas. Habla del tema con un grupo de amigos -dos chicas y otro chico-. «Yo, lo que no entiendo es a quién le molesta un poco de amor. Ni que montáramos un número. Con no gritar, nadie se entera de que estamos allí», dice su amigo Juanjo, entre risas.
Aún así, los chicos afirman que el lugar en el que ellos han puesto en práctica aquello del asiento de atrás queda fuera del ámbito de la ordenanza. «En el Camino de Purchil no hay casas ni colegios a los que podamos molestar», dice el chico, que no confía en ver a los agentes policiales en zonas tan apartadas.
«A mi me parece que esa medida no puede funcionar. Cómo se va a dedicar la policía a ir por los coches mirando... eso no es normal». Lo dice Manuel, estudiante de 22 años y vecino de La Zubia. El debate lo empieza la pregunta de la periodista, y la charla se anima en cuestión de segundos. «Lo que tendrían que hacer es evitar los mirones, en vez de prohibir que la gente se desahogue en su coche», responde una de las chicas del grupo. «Es que, el momento no siempre lo eliges. Te llega y no vas a quedarte con las ganas, ¿no?», advierte Manuel. «Hombre, es normal que haya vecinos incómodos en Carretera de Jaén, pero es que el pato lo vamos a pagar todos...». El más alto de los presentes, que había permanecido callado con cara de preocupación, pone la guinda al debate: «Como empiecen a multar, alguno no nos vamos a comer ni un rosco...». Tras las risas, uno pide que ese mensaje le llegue directamente al alcalde, «a ver si así le damos pena...».
Pocas alternativas
Para otros, las demostraciones públicas de amor carnal en plena calle no serían un problema si contaran con alternativas a buen precio. «Vamos, que si bajaran el precio de los hoteles, igual estábamos menos en la calle, que no todo el mundo puede buscarse un piso». Manuel Cuenca, de 22 años, admite haber convertido su coche en un nido de amor más de una vez, pero es de los que se acerca al Llano de la Perdiz. «Siempre es mejor cuando hay más coches por allí, que si está solo hasta da un poco de miedo», reconoce el joven, que no cree que hasta allí se desplacen los guardias. «Hombre, una cosa es que te pongas en los bajos de un bloque, y otra que te vayas a un descampado», dice el joven. «Además, solemos ser muy discretos. Los primeros que no queremos que nos vean somos nosotros», añade su amiga Ángeles. Este grupo añade algún punto más a la ruta del amor en la vía pública. «Un sitio clásico es el puente de la Inmaculada, una zona con poca luz y donde sí que pueden venir a multarnos».
Entre los que han sido usuarios de este método, la mayoría incide en que son discretos y no arman revuelo. «A mi esto me parece totalmente negativo. Yo vivo en un piso de estudiante, y a veces he tenido que salir al coche porque somos cuatro en la casa». Rubén, de 23 años y malagueño, admite que la zona que suele elegir está cerca de un colegio, «pero nosotros vamos de noche, y además no dejamos 'restos' por allí». Por eso es de la larga lista de los que no entienden esta medida, que les va a afectar de lleno. «Es que, con lo que vale un piso, muchos vivimos todavía con los padres pero tenemos pareja. ¡A ver qué hacemos!», se lamenta Jesús, de 25 años. «No, si tendremos que buscar una pareja con casa, para evitar estos problemillas», le replica Rubén.
Para los que resultará positivo es para los vecinos de Albanta, por ejemplo, que se quejaron de la presencia de parejas que iban a la zona para desahogarse. O para los del centro, que han visto cómo el callejón que une Birrambla con Pescadería también acogía arrebatos amorosos, estos a pie.
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