
El escritor sevillano Isaac Rosa, acompañado por el Ministro de Cultura, Cesar Antonio Molina y el Presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara Bosch, tras recibir el VIII Premio de Novela. /Efe
Velada literaria
Como cada año, el premio se ha fallado en el transcurso de una velada literaria, que ha tenido lugar en el pabellón de los jardines de Cecilio Rodríguez, en el parque del Retiro, y a la que han asistido el ministro de Cultura, César Antonio Molina; el presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, y numerosos escritores, entre ellos los finalistas.
José María Guelbenzu, Ángeles Caso, Andrés Trapiello, Pere Gimferrer, Ramón Pernas y Nativel Preciados también han acudido a la gala.
El galardón se concede anualmente desde 2002 a la mejor novela publicada en castellano en cualquier editorial a lo largo del año anterior. La dotación del premio se destina a la promoción de la obra ganadora.
En ediciones anteriores este premio recayó en las novelas El cielo raso, de Álvaro Pombo; El arpista ciego, de Terenci Moix; Veinte años y un día, de Jorge Semprún; Al morir Don Quijote, de Andrés Trapiello; Doctor Pasavento, de Enrique Vila-Matas; Mauricio o las elecciones primarias, de Eduardo Mendoza, y El corazón helado, de Almudena Grandes.
La obra del escritor sevillano sobre los temores de la sociedad se ha hecho con el galardón dotado con 150.000 euros
El texto se ha impuesto a los otros cuatro finalistas, entre los que figuraba 'Paraíso inhabitado', de Ana María Matute
Una reflexión sobre los temores compartidos que dominan las sociedades modernas ha convertido esta noche al escritor sevillano Isaac Rosa, con su novela El país del miedo, en el ganador del Premio Fundación José Manuel Lara Hernández a la mejor novela de 2008, dotado con 150.000 euros.
La novela de Rosa, editada por Seix Barral, se ha impuesto a las otras cuatro que habían quedado también finalistas: La familia de mi padre, de Lolita Bosch (Mondadori); Sal, de Manuel García Rubio (Lengua de Trapo); Paraíso inhabitado, de Ana María Matute (Destino) y El comienzo de la primavera, de Patricio Pron (Mondadori). El jurado que ha fallado el premio, que cada año conceden doce editoriales, ha estado formado por Manuel Borrás, Juan José Ginés, Paco Goyanes, Jorge Herralde, José Manuel Lara, José Carlos Mainer, Lluís Morral, José María Pozuelo Yvancos y Jesús Vigorra.
Tras conocerse el fallo, Isaac Rosa (1974) ha manifestado su alegría por haber ganado este premio y ha dicho que esta novela es "la más personal de las suyas" y trata "sobre el miedo y contra el miedo", aunque "no pretende curarlo". "Es un libro de resistencia, para que los lectores con pensamiento crítico aprendamos a resistir", ha asegurado el autor, que ha "desnudado sus inquietudes" para bucear en los miedos de los demás.
La novela ganadora plantea un tema necesario en una época como la actual que está llena de miedos, incluido el que se tiene a la crisis financiera. Rosa ha querido indagar en el miedo ambiental, que, como dijo cuando se publicó el libro, "es uno de los temores centrales de nuestro tiempo, pero del que se escribe poco".
Miedos cotidianos
Galardonado con premios como el Rómulo Gallegos 2005 con su segunda novela, El vano ayer, Isaac Rosa se propuso ahondar en su nuevo trabajo en "los miedos contemporáneos", determinar su origen y establecer a quiénes benefician. Y, según el autor, "el primer beneficiario de que haya una sociedad atemorizada es el poder, que consigue ciudadanos más dóciles". Este miedo justificaría "el recorte de libertades" en las democracias occidentales y haría que "a cambio de protección aceptemos que nos humillen en los aeropuertos". Hay también "toda una industria del miedo que vive de nuestro temor y que gira en torno a la protección", señala Rosa.
El hombre actual vive en permanente estado de alerta ante "amenazas relacionadas con el terrorismo, el transporte o la delincuencia", y esa sensación recorre las páginas de El país del miedo, cuyo título alude a un lugar imaginario en el que se harían realidad todos nuestros temores. A este lugar inquietante llega, empujado por sus miedos cotidianos, el protagonista de la novela, un padre de familia que vive en una zona residencial de una gran ciudad. Carlos teme sufrir una paliza, ser asaltado en la calle, sufrir un robo en su casa mientras duerme o que secuestren a su hijo, Pablo.