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Granada

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Las peleas familiares acaban con 70 menores que se van de casa al año
Los niños recurren a conocidos y amigos para alojarse y, casi siempre, sin salir de la provincia. /IDEAL
Las estadísticas muestran que, mensualmente, hay seis familias de la provincia de Granada que sienten durante unas horas el mismo desasosiego que se apoderó de los padres de Marta del Castillo cuando constataron que, pasaban las horas, y su hija no volvía a casa. Para su desgracia, esa inquietud acabó de la peor de las formas posibles: en duelo y luto.
El desenlace de la dramática historia de Marta del Castillo es, por fortuna, una excepción. El inicio, en cambio, no es tan extraño: un adolescente que desaparece sin, aparentemente, dejar rastro.
Según los datos que manejan las Fuerzas de Seguridad del Estado -en esta materia son competentes las Policías Nacional y la Guardia Civil-, durante el pasado 2008 hubo 73 denuncias de desapariciones de menores de edad. Una cifra que engloba la capital, la Costa y todos pueblos que se encuentran bajo la 'tutela' de la Benemérita. Un número que, según las fuentes consultadas por IDEAL, se ha mantenido prácticamente inalterable en los últimos años.
La mayoría de estos casos registrados, por no decir todos, se solucionaron en apenas dos días. A lo sumo, según indican fuentes especializadas de la Guardia Civil, han pasado cinco días antes de que el menor regrese a casa.
Ahora bien, lo más habitual es que en las primeras 24 horas -si no antes- ya se tienen datos de la ubicación exacta del menor, así como del estado en el que se encuentra. Esto se debe a que se trata de fugas voluntarias que suelen estar precedidas de broncas y discusiones entre padres e hijos. Una disputa por unas malas calificaciones o por haber llegado a casa más tarde de la hora fijada pueden acabar con un portazo y una visita preocupada a la comisaría o el cuartelillo más cercanos. Siempre ha ocurrido y seguirá sucediendo.
Relaciones y miedos
Según la experiencia trasladada por los agentes especializadas en este tipo de investigaciones, llama la atención la frecuencia con la que una relación amorosa es el desencadenante de la desaparición voluntaria del adolescente.
«Cuando los padres nos están conformes con la relación de sus hijos, estos se marchan con la persona vetada. Pero en estos casos son fáciles de localizar», apuntan las citadas fuentes. Esta circunstancia, podría explica que en la estadística, la proporción de niñas que aparecen en las denuncias sea mayor. En otros supuestos más excepcionales, el miedo a regresar a casa por haber cometido un delito menor o consumido drogas motiva estas desapariciones En cuanto a las edades, los 14 y los 17 años destacan como los más conflictivos.
La investigación en estos casos es sencilla. Los agentes, como primer paso tras recibir la denuncia, aplican la norma básica de interrogar a la familia y a los amigos del desaparecido. «En una primera entrevista, lo primordial es conocer el motivo de la desaparición. Cuando se conoce éste, que no suele ser complicado, es fácil seguir los pasos al menor. Si se trata de una relación, se busca el paradero de la pareja. Si se trata de una discusión, los amigos suelen tener información. Además, en la mayoría de los casos que hemos conocido se alojan en sus casa. Y no suelen salir de la provincia. Hasta muchos llaman por teléfono», explican los agentes expertos en el área.
Ahora bien, los tiempos cambias y la investigación se abre a las posibilidades de las nuevas tecnologías. No se da en todos los casos, pero cada vez son más.
La gran novedad en este terreno de la investigación policial es que los 'desaparecidos' acostumbran a dar señales de vida en Internet, en las redes sociales tipo Tuenti o Facebook -por citar a dos de las más populares-. No pueden reprimirse y se ponen contacto con los amigos para decirles que están bien, que no se preocupen, que no les ha ocurrido nada malo y que volverán.
Esta tendencia a la 'autodelatación' en la red ha obligado a los miembros de los cuerpos de seguridad a conocer al dedillo el funcionamiento de las redes sociales. En cuanto tienen los datos esenciales del fugado, echan mano del ordenador y buscan su rastro en Internet.
Hasta ahora, las investigaciones, en estos y otros ámbitos, siempre han terminado con éxito.
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