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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Granada

FRANCISCO LUIS DÍAZ TORREJÓN HISTORIADOR Y ACADÉMICO

El historiador y académico hablará mañana, martes día 10, sobre la estancia del Rey Intruso en Granada en el Aula de Cultura de IDEAL y de la CGE
09.03.09 -

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«Los granadinos aclamaron en masa a José I Bonaparte»
El historiador Francisco Luis Díaz Torrejón / A. I.
Durante la segunda quincena del presente mes de marzo se conmemora el ciento noventa y nueve aniversario de la visita de José Bonaparte -rey de España con el título de José Napoleón I- a Granada y, por tanto, se vive en la antesala del bicentenario de ese evento real, que fue la primera visita de un monarca a la ciudad en la Era Contemporánea. Todos los pormenores de esta visita se hallan en el libro del historiador y académico Francisco Luis Díaz Torrejón, recientemente publicado por la 'Fundación CajaSur' en su colección Mayor, con el título: 'José Napoleón I en el sur de España. Un viaje regio por Andalucía (enero-mayo 1810).'
El profesor Díaz Torrejón interviene mañana, martes día 10, en el 'Aula de Cultura' de IDEAL y de la Confederación Granadina de Empresarios para hablar de la estancia del Rey José I Napoleón en Granada. Será en la sede de la CGE, calle Maestro Montero, 23. 20.00 horas. Entrada libre hasta completar el aforo. Hablamos con el profesor Díaz Torrejón.
-¿Durante cuánto tiempo se prolonga la permanencia del rey José en Granada?
-José Bonaparte, con su largo séquito y escolta, permaneció en la capital granadina durante trece días de la segunda quincena de marzo de 1810, por cierto, días muy intensos. En concreto, llegó la tarde del viernes 16 y se fue hacia tierras del Reino de Jaén en la mañana del jueves 29.
-¿Cómo viven los granadinos la llegada de un rey con la etiqueta de intruso?
-A juzgar por el recibimiento popular, no parece que se tratara de un advenedizo, de un rey intruso. Lo primero que José Bonaparte vio al entrar en Granada fue un magnífico arco triunfal en la Carrera, frente a la Basílica de las Angustias, que era todo un lujoso exponente de la arquitectura efímera. Desde aquí las calles estaban vistosamente engalanadas con colgaduras y el suelo del tránsito aparecía tapizado de juncias como se acostumbra hacer en las fiestas del Corpus. Los granadinos en masa se tiraron a las calles y se desvivieron en aclamaciones y vítores al paso del cortejo regio. Una de las tantas paradojas de la historia local.
-¿Qué actitudes o hechos de José Bonaparte destaca de su visita a Granada?
Quizá el más significativo de todos sea uno que se produjo justamente en el momento de su entrada, porque con él se reafirmó la adhesión de los afrancesados locales y se ganó la simpatía de bastantes granadinos que no lo eran. El hecho consiste en la oposición de José Bonaparte a que sobre la Torre de la Vela, en las alturas de la Alhambra, ondeara la bandera tricolor francesa como ondeaba por orden del general Sebastiani de la Porta, y de inmediato manda arriarla para sustituirla por la bandera española. Este gesto gusta tanto a los granadinos, como desagrada a los generales napoleónicos, algunos de los cuales -tal es el caso del mariscal Soult- nunca se lo perdonarán.
-¿Hay celebraciones que solemnizaran la presencia regia en la ciudad?
-Mientras José Bonaparte permaneció en Granada, las autoridades locales -así civiles como eclesiásticas- no escatiman gastos ni esfuerzos en solemnidades. Además, téngase en cuenta que el rey se hallaba en Granada el día de su onomástica y el 19 de marzo de 1810, festividad de San José, fue una pura fiesta desde que amaneció. Aquella mañana, desde muy temprano, hubo salvas de artillería y repique general de campanas, que precedieron a una recepción oficial en el Palacio de la Real Chancillería -alojamiento del rey- a los cuerpos y personalidades locales que acudieron para cumplimentarlo. Luego se celebró una solemne función religiosa en la Catedral, donde el monarca fue introducido bajo palio, que consistió en misa y tedéum cantado por la capilla de música y presidido por el arzobispo Moscoso y Peralta. Durante la homilía, el canónigo magistral Pablo Andeiro pronunció un sermón encomiástico que no tiene desperdicio. También se había organizado para la tarde de ese día una corrida de toros en la plaza que la Real Maestranza tenía en el Triunfo, y se había previsto un baile de gala para esa noche en el Teatro Principal, luego reinaugurado por el general Sebastiani de la Porta con el nombre de «Teatro Napoleón».
-¿Se conoce alguna anécdota vivida por el rey José durante su estancia en Granada?
-Hay varias, pero, sin duda, existe una que indica muy claramente la pasión que la visita real despertó en la ciudad. Verdaderamente el entusiasmo fue grande y en cierto caso tan exagerado que una distinguida señorita, hija de la alta nobleza granadina, se ofreció para compartir aposento y lecho con el monarca. Toda una proposición indecente que, seguramente, no sorprendió a un consumado donjuan como el rey José.
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