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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Granada

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Los quioscos de flores de Bib Rambla acusan la caída en las ventas y el tradicional negocio queda a medio gas
22.02.09 -

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Se aproxima con tiento al puesto de flores de Paquita, en la castiza plaza Bib Rambla de Granada. Ojea las macetas de flores, selecciona un bonito geranio rojo, lo coge con mimo y se dirige a la dueña del puesto con una sonrisa. «Son cuatro euros», informa. El gesto del cliente se torna en fastidio y devuelve la flor a la mesa. «Mejor no», se despide.
Esta breve escena corresponde al pasado sábado, a mediodía. Pero no es excepcional. Se repite con frecuencia y es más elocuente que cualquier estadística de ventas para poner en evidencia algo que salta a la vista en la citada histórica plaza: el negocio de la venta de flores se marchita. Y, con ello, el tradicional derroche de color que ha caracterizado la plaza a lo largo de las décadas. Crisis, descenso en las ventas, cambio de intereses comerciales... Las razones son variopintas. Pero lo cierto es que de los siete quioscos ubicados en el céntrico enclave, sólo dos persisten abiertos con ahínco. Un tercero -sólo de plantas- también; pero desiste de abrir los sábados y algunos días entre semana si el tiempo no acompaña. Al igual que otro de ellos. El resto 'deslucen' cerrados. O sea, casi la mitad no hacen negocio suficiente y, al menos temporalmente, han abandonado.
Las floristas de los puestos Paquita y Ana explican a IDEAL las razones que, a su juicio, han provocado el descenso de ventas que atenaza este tipo de comercio. Para Magdalena, del puesto Ana, la bajada en las ventas se lleva sufriendo desde el año 2007. «Los que cerraron, lo hicieron el día de Todos los Santos de aquel año. No venden y no pueden aguantar. Porque aquí hay que pagar impuestos y demás. No es como la venta ambulante que practican otros», explica.
De cualquier modo, esta florista advierte que sus dueños no han abandonado la titularidad de los puestos por ahora. Sencillamente han decidido no abrir «porque quizá no les cunde».
Magdalena, al igual que Paquita, atribuyen el descenso en las ventas progresivo en los últimos años al plan de peatonalización del Ayuntamiento de las calles adyacentes. «La gente no pasa por aquí como antes porque los alrededores están cerrados», coinciden. Ante la inevitable pregunta de la relación entre el tráfico y las ventas, en un lugar pensado para pasear, ambas insisten en contestan que la clientela ha descendido y que los que pasean, no compran.
Teléfono e internet
Para muestra de esta realidad, salvo clientela fija muy contada, son las técnicas de venta que sustentan a estos dos puestos. Tanto una como otra insisten en que el servicio de venta por teléfono o internet las salva. «Quienes no tienen este servicio no aguantan el descenso de la venta directa en la plaza», apunta Magdalena.
Paquita, histórica de la plaza donde las haya, reconoce que, además de otros factores externos, en la actualidad, con la crisis, «las flores, realmente, se han convertido hoy en un artículo de lujo». No significa que sean excesivamente caras. Se refieren a que para muchas personas constituye un regalo para los sentidos, desgraciadamente, muy prescindible.
Existen fechas señaladas que son el termómetro de este negocio. Y el ya pasado día 14 de febrero, dedicado a los enamorados, los vendedores de flores pudieron hacer el diagnóstico definitivo. «Se notó muchísimo. Las ventas fueron nefastas. La gente ya no compra ramos de flores. Y mucho menos de rosas. Todo el que se decidió a comprar optaba por la opción más barata: comprar una. Todo el mundo pedía sólo una flor», recuerda Paquita. En general, asegura, las ventas han caído «a la mitad». Ninguna de las dos se plantea cerrar las puertas de su quiosco. Ahora no. Pero después de muchos años, después de haber visto la plaza Bib Rambla repleta de mesas al raso en los setenta, de vivir la instalación de los primeros kioscos y luego la renovación de los mismos en 1996 por los que aún hoy siguen, el futuro del negocio se antoja incierto.
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