Hace ya 21 años, Encarni Hidalgo Ruiz se fue a la cama con muchas ilusiones y planes de futuro, como tener más hijos, y cuando se despertó, esa torre de deseos y sueños se había derrumbado. Su marido Andrés no volvió esa noche a su casa, sufrió un grave accidente de coche que le provocó daños irreparables en el cerebro. Desde entonces, el amor y el gran cariño que siente por su esposo es lo que le ha dado fuerzas para seguir adelante y querer pasar todo el tiempo posible junto a él.
Encarni nunca ha querido entrar en polémicas, sobre todo después del revuelo suscitado en Italia por el caso de Eluana. Imagina lo que ha tenido que pasar el padre de la joven italiana para tomar esa decisión tan difícil. A Encarni le gustaría cuidar de su marido hasta el final, hasta que le llegue su hora.
«Me da horror pensar que yo vaya a faltar y él se quede así. Me considero creyente y se lo pido a Dios. Yo voy a hacer mi testamento vital, porque estoy viviendo muchísimas cosas y es mucha responsabilidad; pero no podría decidir por otra persona, sería incapaz. Si Andrés hubiera dejado por escrito su voluntad, yo lo respetaría, pero entonces no existía esa ley», aclaró.
En octubre de 1987, Andrés Fuentes, tenía 33 años, fue a Málaga por motivos de trabajo, regresó a Granada, tuvo que volver otra vez a Málaga y se le hizo tarde. Probablemente se quedó dormido y se salió de la carretera. Por su trabajo, llevaba herramientas dentro del coche y al dar varias vueltas de campana, las herramientas le dieron en la cabeza. Pasó 40 días en la UCI del hospital Carlos Haya de Málaga y ya allí le dijeron que había sufrido muchos daños en el tronco encefálico y que no podían operarlo. Y desde entonces está en coma. «En ese momento no te lo crees, pero con el paso del tiempo te das cuenta que esa situación no cambia. Después lo trasladamos a Granada, le hicieron más pruebas y nos dieron el mismo diagnóstico», aseguró Encarni.
Nueve años casados
Llevaban solo nueve años casados cuando Andrés tuvo el accidente que cambió sus vidas. Eran dos para todo, un matrimonio ejemplar. Empezaron a salir cuando tenían 16 años en el pueblo de los dos, Huétor Tájar. Encarni confesó que ese tiempo fue muy completo e intenso, «esos nueve años con Andrés han sido los mejores de mi vida». Su hija Cristina tenía entonces siete años. «Cristina era muy 'padrera', como era muy pequeña, no entendía cómo no se ponía bueno. Un día tuve que hablar con ella y decirle la verdad: 'papá no se va a poner bien'. Era pequeña pero se daba muchísima cuenta de todo. Ella lo ha pasado muy mal. Ella recuerda muchas cosas de su padre, incluso de cuando era muy niña, con 3 años», se sinceró.
Según Encarni, a su nieta Andrea, que tiene 11 años le cuesta menos trabajo ir a ver a su abuelo, que a su hija cuando tenía su edad. «Mi hija Cristina ha sufrido mucho, porque no ha tenido a su papá para casarse, cuando nació su hija o en la comunión de su nieta».
Andrés Fuentes pasó 11 años en San Rafael y después estuvo otros tres años en la residencia Perpetuo Socorro de Santa Fe hasta que le dieron una plaza en el centro Oasis, de atención a mayores y discapacitados, en Granada. Lleva casi cinco años. «Gracias a Dios que me dieron una plaza en el centro Oasis, el médico se porta de maravilla y las enfermeras lo cuidan estupendamente. Tengo mucha confianza en ellos porque lo van a hacer igual que yo. No quiero que mi Andrés sufra, no quiero que tenga dolor. Estoy muy tranquila de que esté aquí, porque está muy bien atendido y son enfermos muy delicados», comentó Encarni.
Apoyo importante
Gracias al apoyo de su familia, de sus hermanos, sus padres, sus amigos y sobre todo de su suegra Antonia, pudo salir adelante y luchar para criar a su hija. «Yo tenía que compartirme con mi hija, con mi marido y mi trabajo. He tenido mucha ayuda con mi suegra, que falleció hace tres años, tenía 83 años. Ella se ha ido con mucha pena porque ha estado 18 años al lado de su hijo, día y noche, durmiendo en el sillón, una persona tan mayor. Y cuando murió la eché mucho de menos, porque he estado toda la vida con ella, desde que me casé y he compartido tantas cosas difíciles con ella», hizo hincapié.
El hermano de Andrés, Paco Fuentes, lo pasó muy mal, porque estaban muy unidos y para él fue muy duro pensar que su hermano iba a estar así toda la vida. Encarni siempre ha estado acompañada por su familia y amigos. Los primeros años estaba como si no se lo creyera y recibió ayuda psicológica. Su suegra y ella tenían esperanzas de que mejorara, aunque los médicos dijeran lo contrario. «Su madre más todavía, ella no quería aferrarse a que su hijo fuera un vegetal toda la vida. Nosotras hablábamos mucho. Mi suegra pedía todos los días que si su hijo no se iba a poner bueno, que se muriera un día antes que ella porque se iba a quedar más solo. Yo lo entiendo, porque por mucho que yo quiera, tengo que estar con mi Andrés el tiempo que puedo porque tengo que trabajar. Ella era una madre ejemplar», se emocionó Encarni.
Andrés lleva 21 años sin moverse, aunque parpadea. Encarni aseguró que a pesar de su estado, ella cree que él se da de alguna manera cuenta de las cosas, porque lo ha visto sonreír en muchas ocasiones. «Mi suegra estuvo un año en la misma habitación que su hijo, porque ella ya estaba peor. Dos meses estuvo mal, no se levantaba de la cama y Andrés estuvo muy serio ese tiempo y llegó a llorar cuando se murió, yo vi como le salían las lágrimas por la cara. Él percibía que algo estaba pasando», aseguró.
Vivir el día a día
Encarni lleva muchos años tomando antidepresivos. Su carácter no es el mismo. Ella desde aquel momento, vive el día a día. «Son tus mejores años de tu vida. Se vive porque tienes muchísimo cariño a esa persona. Yo quiero a mi Andrés muchísimo y lo haces a cambio de nada, porque sino no se podría superar. La gente me dice que le da mucha lástima de mí, pero yo estoy con él porque así me lo dictan mis sentimientos. La vida le ha jugado una verdadera putada a mi Andrés, porque yo soy libre de estar con él o no; pero él está ahí, es él que está privado de todo», se volvió a emocionar Encarni.
El amor a su marido es lo que le ha dado la fuerza para seguir adelante y cada fin de semana, que es cuando su trabajo se lo permite, está a su lado.