Fitur, 13.530 empresas expositoras, 157.299 profesionales y 8.332 periodistas. Un escaparate abierto al mundo y también una alfombra del paripé. Un sitio al que todos acuden porque hay que estar, por una de esas extrañas reglas que no figuran escritas en ninguna parte. Habrá quien defienda que es un vivero de negocios y el que opine que no sirve de nada.
Fitur fue antes de la crisis un lugar dado a la opulencia y al figureo. Pero este año la Diputación ha cortado el grifo -en época no muy lejana era un despiporre- y el propio presidente viajó y regresó en el día. Por parte del Ayuntamiento -entre equipo de gobierno, dos ediles de la oposición, personal de confianza y otros- hubo momentos en que coincidieron en el 'stand' más de 15 personas.
Pero no siempre se gana por número, como tampoco se hace por aburrimiento. Granada ha vuelto a estar en Fitur por partida triple. Por un lado, el Patronato de Turismo, representando a toda la provincia. A pocos metros, la capital y Motril. Y en otro escenario distinto Almuñécar.
La división física -de por sí- no tiene por qué ser negativa y este debate sus protagonistas lo tienen superado. Aunque esta separación provoque situaciones como que un argumento turístico tan potente como el Parque de las Ciencias se pierda en tierra de nadie.
La fragmentación no es sólo granadina. Sin salirse del pabellón de Andalucía, tienen expositor propio -al margen de su provincia- Roquetas de Mar, la Costa del Sol, Torremolinos, el Puerto de Santa María o San Roque. El problema no radica tanto en montar tres tenderetes como en llenarlos de contenido: el viernes por la mañana -con la mayoría de los políticos ya de vuelta- los 'stand' granadinos estaban semidesiertos.
En los expositores del Patronato y de la capital se han celebrado del orden de una veintena de ruedas de prensa y presentaciones en tres días. Alguna mañana, a razón de una cada cuarto de hora. Prácticamente ninguna ha concitado la atracción de medios de comunicación foráneos. La que más revuelo provocó fue una convocatoria del Ayuntamiento de Dúrcal porque se especuló con que iba a asistir 'Junior', el marido de la desaparecida Rocío Dúrcal.
A simple vista, el anuncio de mayor relumbrón que han hecho en el 'stand' del Patronato ha sido la puesta en marcha de un nuevo vuelo a Bolonia (Italia) a partir de marzo. El mismo que presentaron en rueda de prensa el 23 de octubre el presidente de la Diputación y el de la Cámara de Comercio.
Fitur ha resucitado la vieja fricción de los vuelos baratos entre la Diputación -que ha tendido la mano otra vez- y el Ayuntamiento, que descarta volver al convenio. Pequeñas tiranteces sin puñaladas.
En el expositor del Ayuntamiento lo más novedoso ha sido la presentación de la ruta de las tapas, una guía bien elaborada aunque con el pequeño desliz de obviar La Chana y el Zaidín. Un portal español dirigido a alemanes se hizo eco de esta noticia: «Olé Granada: Nosotros luchamos contra la crisis con las tapas». Por lo demás, la información que ha tenido mayor trascendencia ha sido la presentación de la exposición de Washington Irving en la Alhambra.
Pocas caras conocidas
En Fitur se triunfa -si el éxito es sinónimo de muchedumbre- por la comida o por la imaginación. Y la comida, con la crisis, no ha sido opípara.
Las colas no llegaron al 'stand' de la capital hasta ayer, cuando Fitur se abrió al público. Muchos visitantes guardaban fila para hacerse 'embajadores' de Granada. A cambio recibían una cerveza, una tapa y un pionono.
Fitur no es un derroche imaginativo, aunque cada cual se busca la vida como puede. Frente al expositor de Granada, Torremolinos tenía exuberantes chavales bailando salsa. Aunque no sea muy típico de la Costa del Sol, sí provocaba que se detuviera el público.
Otro problema de Granada es que no ha contado con grandes caras conocidas. El paso fugaz de Máximo Valverde y Marc Ostarcevic ha sido de lo más sobresaliente.
Desplantes
Fitur deja también la sensación de que algo estuvo improvisado. El Ayuntamiento pretendía presentar en Madrid la candidatura granadina a la Universiada de invierno. Lo hizo de refilón, entre otras cosas porque en el acto no estaba ni el rector, Francisco González Lodeiro, ni el presidente de la Junta, dos instituciones que arropan el evento como uno de los ingredientes del Milenio, que ha sido en Fitur un anuncio sin fondo. Casualmente, Manuel Chaves hacía el tradicional paseíllo por el pabellón mientras el alcalde anunciaba la programación deportiva acompañado del presidente de la Federación de Baloncesto, José Luis Saez. Estar estaba, pero no estaban juntos.
Motril ha acudido con Granada y la presencia empresarial e institucional de la Costa ha sido la que ha mantenido el expositor en las horas de chácharas y canapés. El miércoles el Ayuntamiento de la capital celebró una comida fuera y el jueves el gobierno municipal se vino de vuelta.
El alcalde motrileño, Carlos Rojas, ha arropado a sus compañeros de partido de la capital en la mayoría de los actos, aunque el Ayuntamiento de Motril se ha quedado solo en alguno de los suyos. Un desplante seguramente no intencionado que corrigieron con diplomacia sobre la marcha porque no sentó bien.
Fitur, en realidad, empezó ayer, con la apertura al público. Los primeros días están reservados a profesionales del sector. La leyenda dice que entre copas se fraguan contactos y grandes acuerdos. Será por eso por lo que empresarios e instituciones regresan cada año a Fitur. En el caso de Granada, por partida triple. O triplemente partidos.