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Un caso de chiste
EN las últimas semanas, el caso Nebrera ha devenido lección sobre los bajos mecanismos que usa el poder político para desviar la atención de la gente de los asuntos que verdaderamente importan hacia otros asuntos sin la menor relevancia, pero que nos venden como si de algo monumental se tratara. Caso, por aleccionador, digno de estudio en las facultades de Políticas, en las escuelas de Periodismo y hasta en los institutos de enseñanza media.
La diputada del parlamento regional de Cataluña por el Partido Popular, Montserrat Nebrera, ha sido expedientada por su propia formación política tras decir que la ministra socialista de Fomento, Magdalena Álvarez, sobrenombrada 'lady Aviaco' y 'la Maleni', «tiene un acento que parece un chiste».
A la señora ministra le pusieron el sobrenombre de 'lady Aviaco' como consecuencia de su desmedido gusto por los viajes en avión, a costa del presupuesto andaluz, cuando era consejera del gobierno regional de Andalucía. Ahora, 'la Maleni' es ministra con fama de aspaventosa y de dada al galleo. Y con fama de dudoso gusto en el vestir.
Su gestión al frente del ministerio (según leemos en diversos medios) se ha caracterizado por ineficacia, en cuanto al fondo; y por constantes salidas de tono, en cuanto a las formas: ministra irritable y parlera.
Los pasados nevazos provocaron en toda España un caos indecible en carreteras, aeropuertos y estaciones en medio de una notoria falta de previsión, y de una incapacidad y tardanza absolutas por parte de la ministra del ramo en la resolución de los problemas generados a raíz de las nevadas. Debido a ello, toda España se convirtió en un clamor pidiendo, por enésima vez, la dimisión o destitución de tan incompetente miembro del gobierno. Recordemos que Álvarez ha sido el único ministro de la democracia reprobado por las Cortes, lo cual ocurrió hace algo más de un año. Y que poco antes, el portavoz de Ezquerra Republicana dijo de ella algo mucho más grave que lo que ha dicho ahora la parlamentaria catalana, sin que nadie, entonces, se rasgara las vestiduras: «Magdalena Álvarez es una desagradable caricatura de sí misma».
En este contexto de mala gestión de su Departamento y de críticas generalizadas a su labor, Montserrat Nebrera dijo la susodicha frase en un programa de radio. A raíz de eso, una montaña de descalificaciones e insultos han caído sobre la parlamentaria del PP, quien, en un visto y no visto, se ha hecho más famosa que la señora ministra.
El PSOE, que controla la mayor parte de los medios de comunicación, y a casi todos los culturetas, activó ipso facto sus mecanismos materiales y humanos de control mediático y de propaganda, y, en un abrir y cerrar de ojos, sacó a la Maleni del agujero, hizo que todo el mundo se olvidara de su nefasta gestión (y por ende, de la del Gobierno), y, otra vez, dio la vuelta a la tortilla apareciendo como pobre víctima de los malvados carcas del Partido Popular, que son quienes tienen la culpa de todo. Partido Popular que, una vez más, cayó en la trampa tendida por los socialistas, y se quedó compuesto y sin novia, y a verlas venir sin saber por dónde le venían: timados de nuevo. Esta vez, con motivo de la frase de Nebrera, tan poco relevante como inocua, el Partido Socialista puso el cebo de las terribles ofensas regionales. Y los populares, en pleno y de plano, fueron y picaron en tan venenoso anzuelo, en tan burdo montaje.
La sección catalana del PP abrió expediente a su parlamentaria, que se quedó estupefacta y perpleja; y desde la sección andaluza, el señor Arenas, reconvertido en furibundo andaluzófilo, pidió públicamente la expulsión de su compañera de partido: de chiste.
Numerosos columnistas, bien de la cuerda socialista, bien meros seguidistas de lo políticamente correcto, según se tercie, se lanzaron, desde Andalucía, y desde todo el país, a despellejar a Nebrera; y desde alguno de esos modernos batiburrillos internéticos llamados blogs hubo quien incitó a la solidaridad interacentual mundial hispánica, invitando al linchamiento moral: de chiste.
Porque con un tan maquiavélico como estudiado montaje, los Zapatero's boys engañaron de nuevo, como suelen, a muchos pardillos convirtiendo una tonta frase, que se refería exclusivamente a 'la Maleni', en una tremenda afrenta a todos los andaluces; y de paso desviaron la atención que recaía en la pésima gestión del gobierno Zapatero: de chiste.
Y muchos andaluces, que no reaccionan por estar a la cola de España en renta y en cultura, y a la cabeza del paro, tras treinta años de psoecialismo; ni apenas protestan por los programas basura que les endosa canal sur, se levantaron, movidos por los hilos de la manipulación, contra una frase tan espúrea como leve: de chiste.
La frase exacta fue: «Yo creo que el problema de esta buena mujer es que tiene un acento que parece un chiste, y es un problema de comunicación; se aturulla y se hace un lío...». Frase que, como se ve claramente, es una terrorífica ofensa a todos y cada uno de los andaluzos y de las andaluzas.
Seamos serios. En ningún momento la señora Nebrera critica, ni ofende, ni se mofa del acento andaluz, ni de Andalucía, ni de los andaluces. Ni siquiera de Blas Infante. Se refiere, única y exclusivamente, ejerciendo su libertad de expresión, al acento de la Maleni, y de rebote comenta que a veces ha tenido alguna dificultad para entender a determinados andaluces (cosa, por cierto, que también me ocurre a mí con determinados andaluces, con determinados gallegos, con determinados catalanes y con algunos de mi propio pueblo). De manera que, en todo caso, se podrían dar por aludidos, indirectamente, los habitantes del barrio del que proceda Álvarez, y eso con mucha manga, pero nadie más. Porque ya se sabe que nada tiene que ver el acento de un malagueño con el de un granadino, ni el de un granadino con el de un almeriense, jiennense, gaditano etc. ¿Entonces?...
Todo esto ha sido una grotesca desmesura; una gran farsa movida por los hilos de Zarrías y de Pepiño. Un instructivo guiñol que nos enseña cómo los políticos son capaces de echar carnaza al pueblo, y a los medios de comunicación, cuando les interesa desviar la atención sobre sus nefastas gestiones y sobre los verdaderos problemas de la gente: el paro, la inseguridad, los tremebundos precios de las viviendas y de las lechugas, la bárbara especulación inmobiliaria. Lamentable. Como lamentable ha sido que el PP haya picado en tal cebo: sus preocupantes complejos le lanzan a querer pasar por muy moderno y por muy progre, vayamos a que digan. Y así, lo mismo apoya estrambóticos estatutos que hablan de regionales naciones inventadas, que echa a los leones a su propia militante por una tontería: un caso de chiste.
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