UN interesante y apasionante debate se abre en la comunidad educativa -que es tanto como decir en la sociedad en general- con la publicación por la Consejería de Educación del borrador de decreto que regula el calendario y la jornada escolar. Como punto de especial interés está la intención de aumentar el número de jornadas lectivas de 175 a 180, es decir comenzar el curso de infantil y primaria el siete de septiembre. Las razones que esgrime la consejera son, por un lado la equiparación con Europa, aumentar la calidad de la enseñanza y, por otro, conciliar la vida familiar y laboral de los padres del alumnado.
Veamos la poca consistencia de sus argumentos; una alumna andaluza cuando llega a cuarto curso de la ESO lleva sobre sus espaldas 7.731 horas de clase, contando desde la edad de siete años. Pues bien, si esta alumna hubiese estado en Finlandia -país que figura a la cabeza de los distintas evaluaciones internacionales sobre calidad educativa- el número de horas sería de 6.126, es decir, 1.615 horas lectivas menos. Esto nos señala primero que en Europa la duración del calendario escolar es muy variado y no sabemos qué país coge como modelo la Consejería. Segundo, que la cantidad no es sinónimo de calidad, que no por tener al alumnado más horas y días en el aula su nivel académico va ha aumentar.
La calidad de la enseñanza pasa por una pedagogía adecuada, adaptada a las características del alumnado y por una atención particularizada a cada alumno. Esto es muy difícil de desarrollar mientras el número de alumnos por clase siga sin disminuir, mientras no se generalicen los desdobles y las labores de apoyo al alumnado con dificultades -que es numeroso- se interrumpan continuamente o no existan porque el profesorado dedicado a estas tareas tenga que cubrir las bajas de los compañeros que las distintas delegaciones dejan al aire.
Todo esto supone sin lugar a dudas un aumento del presupuesto. Este gobierno dedica a la enseñanza un 5,3% del PIB, que sí está por debajo de la media europea y muy lejos del 7% al que deberíamos llegar y que dedican países como Corea, también situado entre los primeros en las distintas evaluaciones de calidad en la educación.
Otro rasgo que nos distingue es la valoración que el conjunto de la sociedad tiene del profesorado. Mientras que en Finlandia se siente muy apreciado y su labor valorada, en España la mayoría siente que su labor no cuenta con el suficiente respaldo social. Se echa de menos el apoyo de la Consejería para cambiar este injusto sentimiento social. Más bien, la actitud de la administración es culpar implícitamente al profesorado de la mala marcha de la educación en Andalucía.
Con respecto a la relación calidad-cantidad, se ha puesto ya reiteradamente de manifiesto que si se adelanta el comienzo de las clases al día siete, no hay tiempo de realizar una adecuada preparación del curso. Que el profesorado no está de vacaciones la primera quincena de septiembre, está realizando programaciones, distribuyendo al alumnado en grupos adecuados, reuniéndose los distintos ciclos, poniendo en marcha la acogida y los planes de transición, planificando las posibles adaptaciones curriculares y un largo etc. En definitiva, está realizando un trabajo imprescindible para la buena marcha del curso.
Por otro lado, el profesorado no es ajeno al problema de conciliación entre la vida laboral y familiar. Muchos son además padres y madres, pero la resolución de esta cuestión no puede pasar por incrementar su carga de trabajo y la lectiva del alumnado.
Sin embargo es una barbaridad y un derroche que las instalaciones de los centros escolares, en tanto que patrimonio público, con sus instalaciones deportivas, salones de actos, aulas y bibliotecas permanezcan infrautilizadas mientras que alrededor sea patente el déficit de este tipo de infraestructuras. Los centros escolares deben permanecer abiertos el mayor número de horas posibles, incluso en periodos de vacaciones escolares, para que puedan ser utilizadas por el alumnado en la realización de actividades extraescolares de calidad, dirigidas por personal especializado, aprobadas e incluidas en el plan de centro y financiadas por las distintas administraciones. Y aquí sí tienen un papel importante que realizar los distintos consejos escolares tanto municipales como provinciales estableciendo criterios comunes, coordinando la organización del uso de los recursos para todos los centros y saliendo, que ya es hora, de su prolongado letargo e inoperancia. La Diputación Provincial también tiene un papel importante ofertando y financiando actividades extraescolares que lleguen a todos los centros incluyendo los de zonas rurales.
Es tiempo de abandonar fáciles y manidas repuestas a los problemas, que no los solventan y enrarecen aún más el buen ambiente que debe presidir la comunidad educativa, debemos ser capaces de encontrar respuestas audaces e imaginativas que satisfagan a todos los sectores implicados y sobre todo que hagan más efectivo el trabajo que día a día realiza el personal docente.