No todo está en las ordenanzas o los reglamentos. Por ejemplo: ¿Qué debe hacer una pareja de la Guardia Civil con un coatí abandonado a su suerte? Pues improvisar sobre la marcha, porque tal eventualidad no está prevista en ningún sitio. Y parece razonable que sea así. No se puede elaborar una norma para cada uno de los bichos que pueblan este mundo. Es imposible descender a ese nivel de detalle. Es obligado inventar las soluciones. Porque la realidad era que allí estaba el coatí -que es un animal alóctono (extranjero, para entendernos) originario de América-, encaramado a una papelera de un área de servicio de la Autovía del 92, cerca de la localidad de Loja.
CITES
Ocurrió el pasado viernes, cuando el puente festivo echaba a andar, un detalle importante porque añadió complejidad al caso.
El coatí buscaba comida sin alterarse, lo que demuestra que, a pesar de su teórico salvajismo, estaba domesticado. Los guardias encargado de su captura están convencidos de que el animal había convivido con algún humano desaprensivo que no dudó en deshacerse de él en cuanto creció.
La mansedumbre del bicho apuntala la hipótesis de los agentes. «Lo atrapamos echándole migas de pan. Poco a poco, se fue acercando hasta la jaula y él mismo entró», narró ayer uno de los uniformados que participó en el singular operativo.
El coatí figura en el Convenio Internacional del Comercio de Especies Protegidas de Fauna y Flora (CITES), lo que implica que se han de tener una serie de miramientos con él. No se puede sacrificar ni soltarlo en el campo. De hecho, tal conducta constituiría un delito.
Con todo el mundo de puente, no iba a ser fácil buscar un acomodo al animal. Así que, de momento, la pareja de la Guardia Civil optó por 'detenerlo': lo encerraron en un calabozo -dentro de su jaula- mientras intentaban dar con alguien que se hiciera cargo de él.
En el Centro de Recuperación de Especies Amenazadas no pudieron admitirlo porque podría suponer un problema para las especies autóctonas que 'convalecían' en dicha institución.
Mientras tanto, el coatí engordaba en su celda gracias a una dieta a base de 'bollycaos', «que le encantaban», apunta un agente -y eso que este animal es teóricamente carnívoro-.
Estando en esa tarea, llegaron a la zona de calabozos unos detenidos de origen suramericano y gritaron: «¡Anda, un 'carachupa'! Así los llamamos en nuestro país».
Y con ese nombre se quedó: 'Carachupa'.
Entre tanto, un zoo de Málaga rechazaba la posibilidad de acoger al coatí. En cambio, otro de Alicante mostró mejor disposición, pero, claro, no podía encargarse del traslado. Otra gestión fallida.
Como quiera que la ley -y esto es algo que pocos conocen- atribuye a los ayuntamientos la responsabilidad «de la recogida y transporte de los animales abandonados y perdidos, debiendo hacerse cargo de ellos durante un mínimo de diez días», la Guardia Civil recurrió al Consistorio de Loja, que, obviamente, tampoco estaba preparado para tal eventualidad. Sin embargo, contactó con una señora, muy amante de la fauna, que aceptó adoptar al coatí. Habían pasado 72 horas, el tiempo máximo que puede prorrogarse una detención. Misión cumplida.
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