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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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TERE y Jose Manuel estaban comenzando una nueva vida. Hace algún tiempo que ella, divorciada, y él, viudo, mantenían una relación que, ya cuajada, comenzaba a dar pasos en firme. Jose vivía en Granada. Y Tere, en Motril, donde tiene su negocio y sus hijos. En fines de semana alternativos, ella solía ir a la capital o él viajaba a Motril. Pero el lunes, en un trayecto que probablemente habrían hecho mil y una vez, un accidente de tráfico segó cualquier plan de futuro. Ambos murieron en la colisión con una furgoneta que sufrieron cuando viajaban por la N-323 el pasado lunes. El hijo de Teresa, Juan Francisco, también murió con 16 años. «Siempre iba con su hijo a todas partes», dicen. Y también se fue con ella.
María Teresa Arquero Fernández, Tere para todos, vivía en una gran casa ubicada en el número 1 de la calle Boadbil de Motril, en el barrio de San Antonio. En un local ubicado en los bajos de la vivienda está emplazado el negocio que, desde que tenía uso de razón, ha sido el sustento de su familia. Ella y su ex marido lo heredaron de su padre. Pero cuando el matrimonio se rompió, él siguió adelante con la empresa de toldos y ella, por otra parte, abrió otro de tapicerías y cortinas. Ayer, la casa y los comercios cerrados a cal y canto ya daban signos de lo ocurrido.
Una de las vecinas de Tere, compungida ayer por lo ocurrido, explicó a IDEAL que era una mujer extraordinaria. «Agradable y simpática siempre», recordaba mientras apuntaba que el negocio le iba bien, al igual que con su nueva pareja.
Un barrio destrozado
Además del hijo que falleció con ella en el accidente, Teresa tenía otras dos hijas. «Esta mañana he estado hablando con su ex marido y están los tres absolutamente destrozado», comentaba esta mujer. «El barrio entero está destrozado por lo ocurrido, en realidad», añadía.
Otro vecino que conoce a la familia de Teresa «de toda la vida», recuerda que viven en el barrio desde hace más de 20 años. «Cuando hemos visto el periódico y hemos sabido que era ella nos hemos quedado descolocados», reconocían con gesto de dolor. Pero si algo que definiera la personalidad de Teresa, además de su carácter extrovertido, era su afición por la música. Era una de las sopranos que componen la Coral Armiz, de Motril. «Llevaba unos diez años con nosotros, casi desde el principio, y era de las personas más integradas y participativas del grupo», relata el secretario de la agrupación, Paco Robles. En la Coral también compartía su afición con su hermana y con una de sus hijas, aún en la veintena. «Y últimamente habíamos hablado de que su hijo entrara a formar parte. Siempre iba con él a todos sitios y, al tener problemas para los ensayos, pues habíamos planteado que se uniera al grupo y así estuviesen juntos», añadió Robles.
Todos con Teresa
En el grupo, el fallecimiento cayó como una bomba. «Estamos todos muy dolidos por lo ocurrido y fuera de sitio», relata este portavoz del grupo. Durante la madrugada, acompañaron el cuerpo de Tere en el Anatómico Forense de Granada y, ayer, todos acudieron a su velatorio en el tanatorio de Motril. «La verdad es que la veíamos muy bien con este hombre. Estaba contenta, encauzando su situación personal », dicen sus compañeros.
José Manuel Puertas Plaza, de 58 años, era natural de la localidad alpujarreña de Soportújar, aunque vivía en Granada capital. Trabajaba en unos viveros de la Diputación, había enviudado recientemente y, como Teresa, estaba en el maravilloso trance de rehacer su vida. «Sus hijos están en el extranjero, pero otros familiares lo acompañaron en el Anatómico Forense también», apuntó Robles.
Ayer, sobre las tres y media de la tarde los cuerpos de Tere y de su hijo llegaron a Motril. Fueron escoltados por la Policía hasta el tanatorio donde sus familiares y amigos les estuvieron velando. Ambos féretros fueron situados en la misma sala que estaba abarrotada. Ella era una persona muy querida y conocida y nadie quiso faltar en su último adiós. También había compañeros del instituto de Juan Francisco, que estudiaba en el Julio Rodríguez. Las amigas de Teresa tenían, sobre las cinco de la tarde, los ojos hinchados de tanto llorar.
Los miembros de la Coral Armiz, mientras que deciden de qué modo brindarle un homenaje a Teresa, por el momento han decidido no cantar y suspender los actos previstos en señal de duelo por la pérdida de su «querida» compañera.
El golpe ha enmudecido a todos.
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