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Cultura

Cultura-Granada

El Museo Arqueológico y Etnológico inaugura una muestra para que la ciudadanía conozca cómo era la vida granadina en la etapa romana
06.12.08 -

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FLORENTIA Iliberritana fue el nombre con el que los romanos reconocieron a la ciudad de Granada, en una época en la que el barrio del Albaicín era el núcleo de mayor actividad de la gran urbe. El Museo Arqueológico y Etnológico granadino inauguró ayer una exposición que ha capturado esta etapa de la vida de sus ciudadanos para mostrarla a los visitantes.
Margarita Orfila, la comisaria de esta exposición, explicó que el museo incluye piezas seleccionadas entre los restos arqueológicos hallados en el subsuelo de Granada. El visitante puede encontrar en esta muestra desde una estatua del siglo III tallada en bronce que representa a la diosa Minerva, hasta una inscripción funeraria en piedra de la misma etapa histórica.
Se trata de una oportunidad histórica para aprender la influencia que tuvo Roma en la Península, un viaje en el tiempo para conocer las costumbres y las inquietudes de la Granada romana. Y es que en esta época, Florentia Iliberritana estaba repleta de artesanos de alfarería; la cantidad de piezas para cocinar, los adornos y los elementos de construcción hallados y expuestos así lo atestiguan. La ciudad contaba con hornos para la cocción de este material en el Albaicín y en la zona de la Cartuja.
Supersticiones
El visitante puede aprender también de las creencias y supersticiones que formaban parte de la vida cotidiana de Granada. Existen pruebas sobre un Genio Iliberritano que protegía a sus habitantes, quienes no dejaban de lado el culto imperial ni las divinidades privadas. Por otro lado, Roma supo trasladar a los ciudadanos iliberritanos su preocupación por el tratamiento del agua, pues son frecuentes los hallazgos de construcciones de tipo hidráulico, además de diversos depósitos de almacenamiento y restos de canales de entrada a un acueducto.
La serie de enterramientos que se realizaron durante este periodo, en el que existía la prohibición de ubicar tumbas en el interior de la ciudad, permiten conocer el perímetro de la urbe, puesto que las necrópolis ocupaban los laterales de las vías de acceso a la misma. Las inscripciones funerarias, las tumbas y sus ajuares son parte de su testimonio.
Fue en el siglo II a. C. cuando Granada comenzó a incorporarse a la órbita romana. Éste fue un periodo intenso de aculturación, que condujo a la plena latinización de sus gentes. La muestra cuenta con monedas acuñadas en latín y múltiples inscripciones para poner de manifiesto este pasado cultural tan lejano. Muchos de los restos históricos proceden de la zona del Albaicín, y es que este barrio desde siempre ha sido el núcleo para el asentamiento humano, por su proximidad a la rica vega que corre al lado del Genil.
Los antiguos ciudadanos granadinos no fueron ajenos a la llegada del cristianismo, hasta el punto de celebrarse el Concilio de Elvira a principios del siglo IV d. C., el más antiguo documento de la comunidad cristiana. Aunque se cree que el fin de la vida romana debió suceder con la llegada de los contingentes árabes (siglo VIII), en unos momentos en los que en Granada habitaba una abundante comunidad judía.
Descubrir el pasado
El director general del museo, Pablo Suárez, estuvo presente ayer en el acto de inauguración de esta muestra, junto con su máxima responsable, la ya citada Margarita Orfila, y el delegado de Cultura, Pedro Benzal. Suárez destacó la oportunidad que tienen los granadinos de conocer un pasado importante en el desarrollo de la ciudad. Y Benzal, por su parte, señaló que «siempre hablamos de la Granada musulmana, pero conocemos poco su etapa romana».
La exposición estará en el museo hasta mediados de abril, y a partir de febrero se organizará un ciclo de conferencias para conocer aspectos como las costumbres religiosas en Florentia Iliberritana, la estructura de la ciudad, su economía o sus actividades productivas, así como el fin del mundo romano. Se trata de una oportunidad única para viajar al pasado y encontrar una Granada muy distinta, y conocer cómo era la vida de entonces a partir del testimonio que ha recogido la arqueología.
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