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03.12.08 -

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HOY, tres de diciembre, se celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. La celebración anual de los 'días de' tiene por objeto sensibilizar a la opinión pública sobre las cuestiones relacionadas con la discapacidad y movilizar el apoyo a la dignidad, los derechos y el bienestar de las personas con necesidades especiales para el desempeño de su vida cotidiana.
También se propone promover la toma de conciencia sobre las ganancias que se derivarían de la integración de las personas con discapacidad en todos los aspectos de la vida política, social, laboral, económica y cultural. ¿Es acaso equilibrada una sociedad que prescinde del catorce por ciento del potencial de sus ciudadanos?
Hoy día, en pleno siglo XXI, sigue siendo muy duro ser discapacitado, aún mucho más ser mujer con discapacidad. Sólo el quince por ciento de las mujeres discapacitadas trabajan. En estos casos, a las limitaciones funcionales hay que sumarles la falta de autonomía económica. Como consecuencia, la mujer discapacitada es cuatro veces más vulnerable a la violencia de género por su propia disfunción; pero además hay que sumar el número de mujeres maltratadas que ineludiblemente pasan a engrosar las cifras de las personas con discapacidad como consecuencia de las agresiones.
No somos inocentes. En todo ello juegan un papel esencial los prejuicios que la sociedad, es decir, todos nosotros/as, tenemos interiorizados. Basta decir la palabra 'discapacitado' y ya miramos con lente de aumento los comportamientos y las capacidades. Por eso y, como mujer, como discapacitada, como socialista, lucharé mientras tenga vida contra todo tipo de estereotipos. Todos tenemos el deber de poner de manifiesto cualquier tipo de discriminación allá donde la encontremos, aunque sea difícil, aunque duela, porque permitir la discriminación nos hace cómplices.
Es injusto y cruel que una parte de la sociedad tenga que esforzarse muchísimo más para alcanzar los niveles de aceptación que se consideran 'normales'. Y yo me pregunto: ¿Quién determina la normalidad? ¿Quién está en posesión del estándar de comportamiento y capacidades? Porque conozco (sospecho que el lector también) a muchas 'personas normales' que son inhábiles en su trabajo o en su vida cotidiana. Y es que nos olvidamos de lo más importante: la dignidad del ser humano, que está por encima de todo; y la riqueza de la diversidad, que es la otra cara inseparable de la igualdad. Nos olvidamos que la vida es más rica, más interesante y menos aburrida con el estímulo de la diversidad. Porque es cierto que no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no escucha, ni más paralizado que quien se atiene a la mediocridad como expresión de los clichés y prejuicios que asumimos como verdades inmutables.
Existen discapacidades visibles, evidentes, pero son muchas las personas que se consideran dentro de la norma y que, sin embargo, adolecen de limitaciones emocionales, afectivas y la peor de todas las discapacidades, la discapacidad más grande que puede padecer un ser humano: la falta del sentido común.
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