Zapatero, sentado junto a Solbes sobre una bandera de la Unión Europea. /AP

El ministro de Economía de España, junto al presidente del Gobierno al inicio de la primera sesión del plenario./ Efe

Distribución de la sala donde se celebra el plenario de la Cumbre de Washington./ Agencias

El presidente saliente de EEUU, George Bush, ha iniciado la cumbre con un discurso./ Agencias
Las medidas aprobadas
- Adopción a escala nacional de medidas de estímulo fiscal para hacer frente a la recesión.
- La puesta en marcha de colegios de supervisores para controlar a los bancos.
- Este plan de acción deberán ponerse en marcha antes del 31 de marzo de 2009.
- G-20 se reunirá de nuevo antes del 30 de abril de ese año para verificar que se han cumplido.
- Se comprometen a reformar las instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) el Banco Mundial (BM) y el Foro de Estabilidad Financiera.
- Ningún mercado, producto ni actor financiero pueda escapar a la regulación o al menos a la supervisión.
- Evitar una regulación excesiva que ponga en riesgo el crecimiento y restrinja los flujos financieros.
- Rechazan el proteccionismo y que no se deben erigir nuevas barreras al comercio y a la inversión.
- Piden que se alcance antes de finales de año un principio de acuerdo sobre la ronda de liberalización comercial de Doha.
La receta que se ha dado en la cumbre son las mismas medidas fiscales y monetarias que ya están aplicando algunos países
Reino Unido, Japón, Alemania y China ya tienen sobre la mesa sus respectivas medidas de estímulo
Los países que asistieron a la cumbre del G-20 deben empezar desde hoy a trabajar en los ambiciosos objetivos marcados en
Washington, que les obligará a gastar más dinero publico y a reforzar sus órganos de regulación y supervisión.
Una vez concluida la
cumbre de líderes del G-20, la primera de este tipo celebrada nunca entre países desarrollados y emergentes, la pelota está desde hoy en el tejado de los Gobiernos, que tienen de plazo hasta el 31 de marzo para diseñar sus reformas internas.
La
declaración final de la cumbre deja claro que cada país tiene la responsabilidad de reforzar sus sistemas de supervisión y de regulación, así como de potenciar la coordinación con el resto. No es una tarea fácil, pues en el corto plazo hay una tarea más urgente, la de hacer frente a una
crisis que ya ha anulado el crecimiento económico de EEUU y que también ha provocado la contracción de la eurozona por primera vez desde que se implantó la moneda única.
La receta que se ha dado en la cumbre son las mismas
medidas fiscales y monetarias que ya están aplicando algunos países. Se trata básicamente de bajadas de tipos, como las que se han producido en los cinco continentes, y también planes de estímulos fiscal, con bajadas y devoluciones de impuestos.
Obama toma buen anota
En Estados Unidos, el Gobierno de George W.
Bush se resiste a sacar adelante esta medida, pero el presidente
Barack Obama ha anunciado que ésta es una de sus prioridades, por lo que se da por supuesto que la mayor economía del mundo utilizará el dinero público para reactivar el consumo.
Ayer mismo, al término de la reunión, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique
Strauss-Kahn, aseguró que el mundo necesita un estímulo fiscal de 1,2 billones de dólares para combatir la crisis y afirmó que la entidad promoverá una expansión presupuestaria coordinada
Con la determinación de poner todo el dinero que sea necesario, existe la confianza de que la reactivación económica alcanzará también a los países emergentes, que en esta crisis se han visto contagiados por los males de los países más desarrollados. Todos los analistas coinciden en que el gran logro de esta cumbre ha sido reconocer el peso de las naciones emergentes que, con China, India y Rusia a la cabeza, tienen en sus manos el poder del crecimiento mundial.
Control y transparencia
La crisis ha servido también para que los países desarrollados entonen el 'mea culpa' y reconozcan los errores cometidos en esta última década de
excesos económicos. "Después de unos años de crecimiento económico sostenido, un aumento de los flujos de capital y una cierta estabilidad, los mercados financieros se lanzaron a la caza de altas rentabilidades sin valorar los riesgos, y sin que hubiera una adecuada supervisión", apunta la declaración final. A ello se unieron otros factores que dieron lugar a un coctel explosivo, como fue una deficiente valoración de los activos de los bancos, unas prácticas de riesgo elevadas, y el surgimiento de productos muy sofisticados y poco regulados.
El comunicado, que refleja el consenso de los
gobernantes reunidos en Washington, añade otro factor de responsabilidad para los países desarrollados, la falta de respuesta de sus reguladores y de sus supervisores, que se quedaron dormidos mientras la burbuja financiera crecía sin mesura.
Por ello, la principal medida que se impulsará tras la cumbre del G-20, y que debe ser desarrollada por los Gobiernos, es la de
reformar sus sistemas financieros, para que haya una mayor supervisión de los agentes que operan en los mercados. Especial atención hay que prestar a los balances de los bancos, para que los activos de riesgo no tengan un peso excesivo, y a las remuneraciones de sus directivos, a los que se quiere poner límite.
Otra de las tareas de los Gobiernos será al de coordinar sus políticas macroeconómicas con el exterior, y mejorar la comunicación con los supervisores de otros países, para que las entidades que operan en todo el planeta no queden fuera de control.