Cultura-Granada
La argumentación de un buen relato es «como el proceso de seducción, la elección de la ropa, el lugar de la cita, qué debo decir y qué no», relató. Puso como ejemplo una entrevista de trabajo, «en la que hay que elaborar un discurso sobre nosotros mismos y depende del tipo de trabajo debemos presentarnos de una manera u otra, y ofrecer unas informaciones, ir vestido de una forma determinada...». Una vez más el secreto es ese 'chip' de la seducción, «porque nadie le ha dicho a un escritor que escriba y un lector no tiene por qué leer lo que escribimos, así que hay que seducirlo», insistió.
Uno de los grandes retos es el del folio en blanco, el comienzo, cómo iniciar una novela. Ferro resuelve esa primera dificultad «con una idea abstracta, como en el caso de 'Trece rosas', donde quería destacar el valor de la vida, y para hacer eso me decidí por la muerte». Lo que quiso decir el escritor es que en ocasiones se puede hablar todo el tiempo sobre un tema sin que éste aparezca. «Tras tener esa idea de lo que quiero narrar empiezan a funcionar las ideas mentales, que yo no escribo en ese momento, porque nunca empiezo una novela sin haberla argumentado», explicó. Ese proceso «puede durar años, porque luego empiezo a captar a los personajes, los construyo, la personalidad de cada uno e intento que tengan vida propia, que sean independientes». Esta creación de los personajes concluye «cuando dicen cosas que uno no había pensado».
Una vez que se tiene la novela hilvanada, uno de los consejos consiste en «verbalizar el relato a una persona de mucha confianza, porque siempre existe el peligro del plagio o la copia». A través de esa verbalización la obra se hace real, se escucha y conocemos cómo puede funcionar.
Uno de los aspectos más importantes es que «para escribir hay que romper con el discurso heredado, con la manera de expresarse de nuestros padres». En otras palabras, la literatura es huir de la misma literatura, «porque hay que tener deseos de vengarse de la realidad, y de esta manera crearemos nuestra propia visión del mundo».
Jesús Ferrero es uno de esos autores que se sumó a lo que se llamó la nueva narrativa española, pero al final se ha impuesto la novela al más puro estilo del XIX. En este sentido, Ferrero consideró que «muchos de los títulos más vendidos repiten los modelos literarios de los folletines del siglo XIX». La diferencia entre aquella literatura decimonónica y su secuela actual se encuentra en que, según comentó el escritor, «la figura del héroe es diferente y tiene menos importancia en la novela actual, que rompe con el gran personaje como salvador del mundo».
En proceso de cambio
En cuanto a la crisis de la novela y de la imaginación, a la falta de innovación, Jesús Ferrero opinó que «la novela se encuentra en un momento clave de mutación, de cambio, pero no se trata de que su final esté cerca». «Además, -añadió- fue el género rey en el siglo XIX y es lógico que esté en mutación, buscando un cambio».
¿Hacia dónde evoluciona la literatura, cómo será el futuro? Ferrero se mostró optimista, «porque la novela se encuentra ahora en constante innovación con la aparición de unas nuevas formas de abordar el género negro y la aparición de obras como 'Matrix' y las nuevas formas de indagación en otros géneros».
«El verdadero creador literario intenta innovar algo, pero no pensemos que se puede llegar a la revolución total», comentó.
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