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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Granada

12.11.08 - 13:42 -

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HA sido demencial, algo demencial, que ha perturbado a todo el mundo cultural granadino. Un asunto que debió pararse hace tiempo, cuando Fortes propuso con sorna a Curro Albaicín para el Premio García Lorca, en una reunión del Departamento de Literatura de la Facultad de Letras o cuando encargaba, según multitud de testimonios, investigaciones docentes sobre las maniobras oscuras de Luis García Montero, sobre su labor al frente de la revista ‘Olvidos de Granada’.
Sí, se debía de haber parado, alguien tenía que poner fin a tanto desorden, a quien culpa a otro del suicidio de un amigo, a quien descalifica en las aulas a un compañero, a quien ateniéndose a la libertad de cátedra acusa a García Lorca de burgués y fascista, a quien valiéndose del buen talante y paciencia del enemigo sigue en su constante ataque y evita cualquier diálogo. Sí, alguien, la Universidad, el rector, la Academia de Buenas Letras, la Asociación de Amigos de la Capa o los cascos azules. En un momento, en un ‘calentón’ duradero tras la discusión no soporta más la presión y se produce el estallido en forma de tinta.
Luis García Montero, acusado de ser el Corleone de la Cul granadina, el azote de la carcundia, el gran manipulador, ese premio nacional y de la crítica de poesía, ese autor de unos versos como ‘Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi’ revienta y confiesa, se desahoga con sus lectores en su columna semanal. Nadie hizo nada, la Universidad no llamó al orden y tampoco intentó un acto de reconciliación. A los seis meses, el tiempo suficiente para diseñar una estrategia que acabara con el poder del ‘pope filocomunista althusseriano’ se presenta la denuncia, y ahora se produce la sentencia. García Montero se marcha al exilio, abandona la Universidad, se retira a su ‘Cuartel de invierno’. Ha sido algo demencial: un poeta de la paciencia más que de la experiencia.
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