Cultura-Granada
Pero antes de que salieran los madrileños asomaron Jean Paul, grupo formado por la banda de Lapido cambiada de posiciones, un par de añadidos y con Raúl Bernal al frente. Su grave introspeccionismo no parecía estar en su medio natural en un principio, pero la poética confesional de las canciones y el finísimo trabajo de arreglos (¿esa slide, o los matices de banjo y acordeón!) fueron calando sin prisa, casi logrando el silencio receptivo que requiere semejante delicatessen, y a la postre siendo demandado para un bis que no regalaron.
Un grupo para el que tres ya son multitud pero que es imbatible en el tú a tú y al que hay que seguir de cerca, muy de cerca.
Tardaron los madrileños en asomar y lo hicieron con la misma canción que abre su disco 'Autocrítica', a contra luz, para mejor ambientar con tristeza lumínica la letanía (las letanías, porque no suele haber estrofas, puentes y los estribillos que mandan los cánones pop) existencialista de su letra. Con muy buen sonido y con simetría estética, Vetusta Morla deja el centro, físico y musical a su cantante Pucho, un potosí de vocalista cuya sentida afectación contamina todo el repertorio y lo hace único e intransferible.
Alrededor de su timbre sincero y emotivo se organizan los temas que, en directo, tienden al contraste climático con dinámicas contrastadas, exquisito nivel de detalle y puntos de desparrame casi ortodoxamente psicodélicos (en 'La marea' parecen Pink Floyd, Waters incluido en el bajo). Las referencias obvias son Radiohead, y por aquí Standstill, pero bien metabolizadas y caracterizadas por el temblor de su cantante.
Único disco
Además de tocar su único disco entero, para completar el horario reglamentario echaron mano de alguna pieza antigua como 'La gravedad' o estrenaron otras como la trepidante 'Vida no hay mucha', guardando par el final la contagiosa 'Sálvese quien puede'. Material único hasta la fecha del que en un futuro se caerán algunas del directo cuando tengan repuesto.
Una coreada 'Saharabbeyroad' («a ver los granadinos por un lado y las granadinas por el otro») fue la despedida, muy calurosa y compartida, de un grupo que ha tardado diez años en hacer sonar la flauta.
A veces pasa, y es muy saludable para la música de este país que ocurran cosas como ésta.





