exposición

Sus toros de pinceladas sueltas descubren al final a un animal robusto, pesado, que se mueve teñido de naturalidad tanto en el coso como en el campo. Este creador ha estudiado a la perfección al animal y al maestro. Lo dicen sus obras, que cuentan con una potentísima luz.
Pèter, tipo amable y sonriente donde los haya, convertido en el artista de cabecera de esta sala, es ni más ni menos que un inmigrante que colgó su título de ingeniero industrial para jugársela «al póker» y dedicarse a lo que más le gustaba, la pintura. Todo un acierto. Vive de ella.
Pero su obra lleva a engaños, porque uno puede pensar fácilmente que Pèter Böjthe retrata momentos vividos, corridas de toros en las que estuvo presente, paseos que dio por el campo como testigo silencioso de las manadas de toros. Él reconoce tranquilo que no. La televisión, los libros y sólo alguna visita esporádica a la plaza de toros son suficientes para que su mente se prolongue en sus manos, cargadas de arte.
El movimiento
«No ubico mis obras ni en el tiempo ni en el espacio, ni siquiera los matadores tienen nombres y apellidos. Reflejo momentos atemporales, eternos. Sólo me interesa que la gente se fije en el movimiento del torero y el toro», apostillaba ayer en la inauguración de la muestra, que tuvo un grandísimo poder de convocatoria gracias a que David Fandila, 'El Fandi', uno de sus maestros favoritos, acudió al acto. «También me gusta José Tomás, 'El Juli', Enrique Ponce... Me encanta el toreo desde que llegué a España hace 12 años. 'El Fandi' es excelente, y un gran atleta, como ninguno», comentaba el artista mientras que al diestro granadino le faltaban manos para firmar autógrafos.
La densidad y la vida que encierran los cuadros de Pèter Böjthe son fruto de la permanente observación con todos los sentidos y unos optimistas ojos verdes. «El toro tiene su belleza en su grandeza, pero el caballo es delicado, elegante y es mucho más difícil de pintar», añadía este amante de los pases de pecho cuando el torero tiene los riñones sacados. La gaonera, la manoletina, la chicuelina... todas las suertes son «estéticas si están bien hechas».
«Me parece bonito, y ya era hora de que hubiera una exposición sobre el toreo. Se hacen muy pocas en Granada», se quejaba 'El Fandi' mientras echaba un vistazo a una de las estampas de rejoneo. «Cierto, es realmente raro ver 46 cuadros juntos sobre este tema y que no se repitan las estampas», suscribía el galerista, Rafael Dueñas, quien destacó que las imágenes eran escenas soñadas o vividas que muchos tenemos en el interior y que en el caso de Pèter Böjthe transmiten paz y tranquilidad. El dueño del local aprovechó la ocasión para hacer un bello símil: «El torero se juega la vida en cada toro y el pintor en cada lienzo en blanco».
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