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Granada

GRANADA

Se trata de un adolescente de 16 años de edad cuya familia reside actualmente en Alicante y que se dedicó a apostar en salas de juego virtuales utilizando la tarjeta de crédito de sus progenitores
24.10.08 -

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Un menor de edad entrampa a sus padres en 48.000 euros al jugar en casinos de Internet
Un joven curiosea en la web de uno de los casinos de Internet. /RAMÓN L. PÉREZ
La verdad es que es muy fácil, tanto como hacerse un café con leche: el chaval coge la tarjeta de crédito de alguno de los padres, se conecta a Internet, se adentra en alguna de los cientos de páginas de casinos virtuales, da el número de la tarjeta paterna... ¿y a jugar! Y no precisamente a jugar al baloncesto o al voleibol, sino al póker, a la ruleta, al blackjack y demás parafernalia propia de película ambientada en Las Vegas. Los menores lo tienen tan a tiro, que cuesta explicarse cómo este fenómeno no se produce con más frecuencia.

En este asunto interviene una serie de circunstancias en cadena que hace que haya que tomar nota: hablamos de jóvenes menores de edad, de apropiación indebida de una tarjeta de crédito, seguramente de suplantación de personalidad, de ludopatía. Y para más 'inri', la mayoría de ellos no sólo no gana dinero en el juego, sino que además mete a sus padres en un pufo de consideración, pues les endosa una deuda impresionante sin que ellos tengan arte ni parte.

El último caso conocido, que afecta directamente a un menor de edad de Granada, fue revelado ayer en Huelva por la Federación Andaluza de Jugadores de Azar en Rehabilitación. El presidente de la Asociación Onubense de Jugadores de Azar en Rehabilitación, Jorge Barroso, declaró a Efe que el adolescente granadino ha generado una deuda de 48.000 euros mediante el uso de tarjetas de crédito de sus padres para jugar en Internet a distintos juegos en casinos virtuales. Barroso se refirió así a un joven de 16 años de edad que había hecho uso indebidamente de las tarjetas de su familia hasta el punto de generar la citada deuda.

Viven en Alicante

En declaraciones a este periódico, el propio Barroso indicó que la familia reside actualmente en Alicante y que en su momento hizo una consulta a la asociación onubense después de haber descubierto el galimatías en que se había metido el hijo, que en reiteradas ocasiones jugó con el número de tarjeta de crédito de los padres.

Se trata, según apuntó Barroso, de una familia acomodada que, en su opinión, ha tenido que hacer frente a la deuda ya que es prácticamente imposible demostrar que quien jugaba era en realidad un menor de edad que hacía un uso indebido de la tarjeta de crédito de los padres.

Ni el directivo onubense ni sus homólogos de Granada y de Alicante tienen constancia de que este menor haya seguido alguna clase de tratamiento o de terapia para luchar contra su adicción al juego.

Uno de los grandes problemas que suscitan los casinos virtuales es que en ningún momento ven a la persona que juega y no tienen constancia alguna de si es menor de edad o no, o si es el titular de la tarjeta o no.

Por ello, Jorge Barroso reclamó que la Administración regule de forma escrupulosa esta actividad y que exista algún control sobre ella, ya que actualmente no hay filtro alguno que impida, por ejemplo, que se produzca un caso como éste.

Estos casinos han sido en otras ocasiones objeto de numerosas críticas, ya que, al parecer, ni siquiera exigen al jugador que aporte una clave con la que la tarjeta de crédito pueda quedar operativa. Tampoco hay un registro de jugadores que permita identificar a quien se lanza a esta actividad.

Esta situación contrasta con lo que ocurre ahora en los casinos normales o en bingos y salas de juego. En este tipo de instalaciones, a quienes desean acceder se les pide que aporten su Documento Nacional de Identidad. Además, las personas que sufren ludopatía pueden solicitar a estos establecimientos que no les permitan entrar a los locales, para lo cual existe un registro diseñado al efecto.

Grandes sumas

Del éxito que tienen los casinos virtuales da fe la cantidad de dinero que mueven en apuestas. Este año se prevé que se apuesten en ellos 3.000 millones de euros, según los cálculos de las asociaciones de jugadores en rehabilitación.

Estas entidades advierten del serio peligro que encierra el juego a través de la Red: su capacidad adictiva puede ser un bomba ya que es muy cómodo acceder a estas apuestas, ni siquiera hay que hacer el esfuerzo de salir de casa y el jugador se siente más cómodo en su aislamiento, ya que nadie percibe su problema hasta que él mismo no lo revele.

rafalopez@ideal.es
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