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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

Otros paquidermos trabajan en el transporte de mercancías o turistas; pero Sri Padmanabhan, el de mayor rango en el Estado indio de Kerala, lleva una vida divina

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El país del dios elefante
A CUERPO DE RAJÁ. Los cuidadores someten a un exhaustivo tratamiento de higiene y belleza al Honorable Padmanabhan en el templo de Guruvayur. / FOTOS: PILAR ARCOS
Es la viva imagen del relajo, la pachorra, el ahí me las den todas. Cinco mil kilos de paquidermo abandonados en las verdes y someras aguas de un estanque. Hasta cuatro cuidadores a la vez frotan su piel con cáscaras de coco para que no quede ni una sola impureza. A un grito específico, 'Sri Padmanabhan' (Honorable del Ombligo de Loto), que ese es su nombre, estira la pata... para que se la rasquen. Uno le cepilla la oreja. Los ojos entornados; la trompa hecha un churro flácido; un colmillo reluce al sol tropical.

Es uno de los 65 elefantes del templo de Guruvayur, en Kerala, suroeste de la India. ¿Qué digo uno! 'El Honorable' es el patriarca del convento. Llegó allí desde su selva natal de Nilambur en 1954 y en poco tiempo pasó a ser el líder, sobre todo después de que en 2004, en una sola procesión, consiguiera limosnas por valor de más de 33.000 euros. Cuando esté completamente acicalado volverá a ser enjaezado y portará el 'thidambu', el trono dorado del dios Krishna. No se puede aspirar a más.

El templo de Guruvayur dedicado a la divinidad Guruvayurappan, una advocación de Visnú, es el lugar favorito de los hinduistas para casarse -se han llegado a celebrar hasta cien bodas en un solo día- y para una visita dominguera a su 'aanakkotta', literalmente 'albergue de elefantes'. Se trata de un recinto de unas cuatro hectáreas, antiguo palacio comprado por el templo en 1975, en el que hoy viven a cuerpo de rajá 65 elefantes que son utilizados en ceremonias religiosas.

La apariencia es de un zoo muy cuidado por el que hay que pagar una entrada simbólica de 5 rupias. El paseo por los jardines del antiguo palacio es muy agradable. Elefantes por todas partes, sólo elefantes, algunos aparentemente sueltos, otros recluidos en su casas, comiendo, algunos en el baño, pero todos sujetos con cadenas -sus enfados son espectaculares y a veces mortíferos- y siempre atendidos por su 'mahout' cuidador-conductor.

Pelos de la cola

Algunos turistas locales buscan en el suelo pelos caídos de la cola de algún paquidermo, aunque está prohibido cogerlos. Dicen que traen suerte. Pero no es fácil. No me extrañaría que en malayalam (palíndromo que designa a la lengua de Kerala) se hubiera acuñado la frase 'Es más difícil que encontrar un pelo de elefante en un aanakkotta'. Puedo atestiguarlo.

En Kerala hay elefantes de toda condición. Unos, como los señoritos de Guruvayur, tienen rango elevado y costumbres refinadas; otros, los menos, son salvajes. Los hay en los altares, el estatus más alto, representados en estatuas y pinturas del dios Ganesa. Y los hay a pie de calle, la mayoría, utilizados para el transporte de mercancías y turistas. Pero todos ellos conviven con naturalidad con el ser humano.

No es extraño que al viajar por cualquier carretera nos crucemos con grandes elefantes domesticados que van o vienen de la faena, como en España podían verse los burros o los bueyes hace años. Tampoco es del todo infrecuente, sobre todo en carreteras de montaña, divisar familias enteras de elefantes salvajes pastando en las praderas, como aquí lo pueden hacer los toros. Es casi seguro que en cualquier 'mandir', templo hinduista, grande o pequeño, habrá una imagen de Ganesa.

Los paquidermos son tan habituales que hay una serie de normas para la convivencia entre ellos y los hombres. Una ley de Kerala, por ejemplo, estipula que los elefantes que trabajan tienen categoría de 'obreros' y por lo tanto derecho a una jubilación a partir de los 65 años. Como suelen vivir hasta los 70, eso quiere decir que los elefantes de Kerala gozan de unos cinco años de plácida vejez en la que tienen asegurada la alimentación y el veterinario sin que les cueste nada a sus amos. A tal efecto ya hay en funcionamiento cinco geriátricos para paquidermos y se están construyendo más.

Otra norma obliga a que todos los elefantes, como los perros o los gatos, lleven incrustado en el lado izquierdo del cuello un chip con el que se puede comprobar su edad, sus ciclos reproductivos, su historial veterinario, el nombre de su dueño e incluso si en alguna ocasión se le ha atendido por malos tratos.

Frenos polémicos

Pese a todo, la convivencia con animales tan corpulentos e imprevisibles causa no pocos problemas. En los últimos tres años se tienen noticias de 239 personas muertas por elefantes en India (de ellas, 117 cazadores furtivos) y 244 elefantes muertos por causas humanas, fundamentalmente en el bullicio de aglomeraciones festivo-religiosas que a veces los gigantes no entienden.

Y es que es muy difícil controlar a uno de estos enormes animales cuando se sienten atacados. Tanto que la polémica ha irrumpido en los programas de televisión y en las primeras páginas de los periódicos a causa de un controvertido freno inventado por un keralense llamado Bhaskaran. El artefacto, una especie de candado, va atado a las patas delanteras y controlado con un cable por el 'mahout'. Pero aún no ha recibido la aprobación de la Fundación Nacional India de Innovación (oficina de patentes) pues varias ONG aseguran que su uso causa sufrimiento a los animales. La polémica se eterniza sin que se llegue a un acuerdo.

Lo que sí funciona adecuadamente son los pasillos creados entre dos zonas habitadas por elefantes salvajes para que se puedan comunicar entre sí. Este es el caso de los parques naturales de Wayanad, en Kerala, y Bragmahiri, en el vecino Estado de Karnataka, que han sido unidos por un corredor de seis kilómetros, para lo que ha sido necesario trasladar a otros lugares a los habitantes de cinco aldeas.

Todo es poco para conservar la especie y contentar a los dioses. En Kerala, ya lo hemos dicho, se adora al elefante. Se le adora en sentido figurado ya que, convenientemente engalanado, es protagonista de muchas procesiones y festivales de todo el país, como los de Puram y Onam, que se celebran cada año, o el 'Maratón del elefante', en la ciudad de Thrissur, en el que desfilan más de cien paquidermos capitaneados por el inefable Sri Padmanabhan.

Y se le adora en sentido estricto en la imagen de Ganesa, un dios con cuerpo de hombre y cabeza de elefante. Un dios sabio al que invocan los estudiantes, los intelectuales y los viajeros. Los conductores de coches, por ejemplo, suelen llevar su estatuilla, a modo de San Cristóbal, en el salpicadero y todos los días la engalanan con guirnaldas hechas con flores de jazmín y tarjetas. Los hinduistas piden su ayuda cuando van a pasar exámenes, emprender un viaje o vencer alguna dificultad.

En los lugares de diversión los elefantes también tienen su espacio. Como sucede, por citar sólo un ejemplo, en la carretera que une Munnar (antiguo lugar de veraneo de los colonos británicos) con el lago Madupetty. Allí se encuentra el denominado 'Echo Point', donde las colinas que rodean el pantano devuelven las voces de los turistas, y el 'Elephant Arrival Spot', un claro en el bosque donde, si hay suerte, se podrán ver elefantes salvajes.

Paquidermos enjaezados

Y para todos aquellos (la mayoría) que no hayan sido afortunados con el avistamiento, están los puestos verbeneros en los que elefantes más dóciles se ofrecen por poco dinero. Treinta rupias (unos 45 céntimos de euro) sirven para que dos personas den un paseo de media hora a lomos de un paquidermo enjaezado.

Kerala, que en malayalam quiere decir 'Tierra de cocoteros', es uno de los Estados más prósperos e ilustrados de los 28 que forman la República. Eso nos dicen las estadísticas, pero también la calle, la vida diaria de los keralenses y, sobre todo, su encomiable convivencia con los elefantes.
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