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Estas muertes se suman a las más de 4.000 que se ha cobrado la guerra afgana en el presente año, según los datos de distintas agencias, y que ayer también le costó la vida a la cooperante de la ONG británica Serve Afghanistan, Gayle Williams. La mujer de 34 años, con doble nacionalidad, británica y sudafricana, recibió varios disparos desde una motocicleta cuando se dirigía a su lugar de trabajo en Kabul. Williams llevaba dos años y medio trabajando como voluntaria con los más discapacitados en los centros que esta organización cristiana tiene en las localidades de Kandahar y Kabul.
Poco después de conocerse la noticia, un supuesto portavoz talibán, que se identificó como Zabiullah Mujahid, declaró a la agencia France Press que «la hemos matado porque trabajaba para una organización que predicaba el cristianismo en Afganistán». Informó también de que la cooperante fue seguida durante un tiempo por los insurgentes antes de ser asesinada.
Programas en peligro
Los responsables de la ONG estudian ahora la posibilidad de suspender sus programas en el país y poner punto y final a más de veinte años de trabajo con el pueblo afgano. La Policía, por su parte, investiga el ataque, pero no hay de momento un posicionamiento oficial sobre si se trata realmente de una acción talibán o de un grupo criminal cuyo objetivo fuera el secuestro de una ciudadana extranjera para pedir luego un rescate.
Por segunda vez en los últimos tres meses las organizaciones no gubernamentales son objeto de ataques mortales en el país. Los cooperantes se han convertido en un blanco sencillo y con amplia repercusión mediática para una heterogénea insurgencia que sigue imponiendo la ley de la inseguridad en todo el país.
El pasado agosto tres cooperantes de International Rescue Committee (IRC) fueron tiroteadas junto a su conductor cuando regresaban a Kabul, después de visitar unos proyectos en las provincias del sur. IRC, otro organismo con más de veinte años de experiencia en la región, decidió abandonar su trabajo en el país asiático y éste es el camino que pueden seguir otros organismos si no cesa una escalada de ataques que, según datos de ACBAR (siglas en inglés de la Agencia de Coordinación de la Ayuda a Afganistán, que coordina a las ONGs presentes en el país), ya han costado la vida a veinte cooperantes afganos y extranjeros en 2008.








