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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Granada

MOTRIL

Tenía una orden de alejamiento porque ella le había denunciado, pero ahora vivían juntos Los cuerpos estaban en un cortijo de Motril donde habían pasado el día con toda la familia

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Tras doce horas de inspección ocular del escenario del crimen, los cuerpos fueron retirados del cortijo por la noche. /ALFREDO AGUILAR
Situado a pie de carretera, en el anejo motrileño de Puntalón, el cortijo Herrera tenía ayer un aspecto normal. Rosales mojados por la lluvia y parte de un muro derribado por el temporal de hace unos días. Pero dentro, encerraba una historia espeluznante que sobrecogió hasta los propios agentes encargados del caso, curtidos ya en estas lides.

Un guardia civil retirado de El Ejido mató a su esposa y luego se quitó la vida en este cortijo de Motril. Nadie pudo adelantarse y frenar la desgracia. Horas antes vieron en él un comportamiento completamente normal. Toda la familia disfrutó de una agradable comida en la casa donde poco después sucedió un terrible episodio de violencia machista.

Manuel Herrera tenía 51 años y su mujer, su segunda esposa, Rosario G., 41. Jubilado de la Guardia Civil por problemas psicológicos trabajaba como vigilante de seguridad en un supermercado. Ambos vivían en El Ejido y tenían tres hijos, todos menores.

Según fuentes policiales, ambos presentaban signos de violencia, heridas por cortes. Los agentes encontraron herramientas con las que se perpetraron el asesinato y el suicidio. A ella la mató con una radial y él se suicidó más tarde con un taladro. El padre de él encontró los cuerpos en la cama. Desangrados.

El cadáver de ella tenía signos de haber estado maniatada y una cinta aislante atada a los pies y el de él, arañazos y golpes, que podrían ser de defensa, según las citadas fuentes.

La investigación reveló que el hombre presuntamente propinó cuatro cortes profundos con la herramienta eléctrica a su mujer antes de suicidarse: en el cuello, un hombro, un brazo y una pierna. Se cree que esta última herida, la más grande, pudo ocasionarle la muerte a la mujer, que trabajaba como celadora del ambulatorio de la zona norte de la localidad de El Ejido.

Varias bajas

Por las heridas del cuerpo del marido, guardia civil jubilado de 51 años con varias bajas por depresión en su historial laboral, se cree que utilizó un taladro para herirse en el cuello y después en otras partes del cuerpo. Los agentes de la Brigada de la Policía Judicial del Cuerpo Nacional de Policía, tras doce horas de pesquisas, descartaron la participación de una tercera persona en el suceso y concluyeron que se trata de un nuevo caso de violencia machista en una pareja en la que la esposa había denunciado al marido por maltrato. Es más, habían iniciado trámites de separación hacía tiempo.

El padre del ex agente, Antonio Herrera, manifestó que un Juzgado de El Ejido, localidad almeriense donde residía la pareja, había decretado una orden de alejamiento contra su hijo tras la denuncia de su nuera y que se separaron temporalmente, pero volvieron a vivir juntos porque «últimamente se llevaban bien».

Antonio, a pesar de las evidencias, mantenía ayer la convicción de que su hijo no ha sido capaz de «algo así» ya que, al igual que su nuera, eran personas «maravillosas que mantenían la relación de un matrimonio normal», dijo a Efe. Fue Antonio quien, al acudir ayer junto a su mujer al cortijo, encontró la luz encendida y el coche de la pareja en la puerta, por lo que temió que «algo malo había sucedido» y se topó con una imagen «muy desagradable», ya que ambos murieron desangrados.

Duro golpe

El tío del presunto asesino, que estaba tan descolocado como el padre, explicó para su hermano esa pequeña parcela «era su entretenimiento».

Por eso, ayer por la mañana, al ir a dar una vuelta por el cortijo se encontró los cuerpos de su hijo y su nuera. «Para él ha sido un golpe muy duro», indicó José Herrera tío del presunto asesino.

Antes de ayer, toda la familia -según contó José- estuvo disfrutando de una agradable comida en el cortijo. A las seis de la tarde recogieron las cosas y Manuel y Rosario marcharon para El Ejido con sus hijos. «Después volvieron al cortijo porque se habían olvidado un teléfono móvil» y fue ahí cuando él aprovechó para quitarle la vida a su mujer y luego suicidarse.
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