Cultura-Granada
Con contar que hubo momentos en los que llevado en volandas por la música que brotaba a su lado le descubrimos emocionadamente riendo, está dicho todo: el positivismo de su primo Nacho parece haberle contagiado tras la gira con Nacha Pop.
Al margen de privadas consideraciones saludables, no fue ajena su actuación al imponente grupo que ha armado a su alrededor y le empuja hacia muy adelante. Al lado su fiel Basilio Marti como siempre, y muy cerca tipos tan solventes como Alberto Zapata (Pistones, JM Granados ) Luismi Baladrón (Caiga Quien Caiga) o el potentísimo batería Tony Jurado, gaditano que ha impulsado a gente como Ariel Rot, Pistones o el granadino Paxariño. Una banda de campanillas y que ha cambiado el registro del entorno Vega completamente, con una energía inédita y una poderosas capacidad resolutiva. El mismo Vega se contagiaba de lo que le salía por monitores y entraba al trapo, cantando sin fisura alguna, y punteando durante todo el concierto (añadiendo a su naturalismo Knopfler un sonido más santanero) para defender su sitio. Le gritaron «¿qué bien estás capullo!» y el agradeció lo último poniendo en duda lo primero. Fue la primera vez que habló, que la segunda fue para dirigir «un fuerte abrazo a José Ignacio Lapido».
Nadie pudo quejarse tampoco del repertorio escogido. Sin servidumbres promocionales (aunque tiene un nuevo disco, el benéfico 'Un mar al sur') peinó su cancionero entresacando gran parte de sus piezas imperecederas. Tras confesar nada más llegar que su hogar «es cualquier sitio» mientras ajustaban la perfección (conseguida plenamente) de su sonido, ya su versión de los Chunguitos ('Me quedo contigo') en plan áspero R&Blues fue un toque de atención sobre el robusto concierto que se venía encima. No faltaron 'El sitio de mi recreo', 'La última montaña', 'Se dejaba llevar', 'Hablando de ellos' Canciones de esas que se corean, con el cuello terso y los ojos cerrados hacia el cielo para que se entere el universo entero de la 'Lucha de gigantes', por cierto, la que le dedicó al 'gigante' Lapido; también una pieza muy desarrollada, que como 'Maravilla de tus manos' (que tocaba por primera vez en directo) y 'Océanos de sol' rozaron casi el cuarto de hora con perfil ondulante y picos de ataque muy duro. Los aplausos estuvieron a la altura, los piropos y las bengalas también.
El final, como no podía ser de otra manera fue con 'La chica de ayer', mucho más que una canción, un himno. La entusiasta Merche Corisco, la telonera, era la única que sabía lo que venía después de ella, a lo mejor por ello no dejó de reír en su parte. Grande, Antonio, muy grande.





