Cultura-Granada
La penúltima en aparecer (sin duda ya hay alguna otra cantante pidiendo la vez) es Rosa Lazar, y lo ha hecho disco en mano, el extraordinario 'Walking alone', un debut sorprendente por su clasicismo. En directo lo estrenó en el Centro Cívico del Zaidín y ya lo está llevando por los escenarios, como el de Boogaclub este fin de semana. Rosa sale de gira con trío formado por el bajista cubano Miguel Pérez y el baterista Rafael Lozano (la sección de ritmo común con Supervivientes también) y Pedro Andrade, el guitarrista preferido por las chicas (también lo ha sido de Teresa Luján y Ángela Muro), probablemente porque posee el fraseo con más gusto de esta parte del 'Guadalssissipi'.
Rosa no parece ninguna recién llegada a los escenarios, quizás por su profesión docente está acostumbrada ya a actuar, y pisa con seguridad el tablero. No es una mujer extrovertida corporalmente, es más cantante que actriz; posturalmente bastante contenida, ofrece en cambio guiños muy pizpiretos y mucha frescura tanto cantando como hablando. Su voz de piel de melocotón ajusta como guante en el repertorio que usa, cancionero cien por cien de traje negro y tacón de aguja: Porter, Rodgers, Hart, Berlín e incluso sus propias composiciones (pongamos 'Sad song' o 'Daisies') que podrían pertenecer a cualquier musical de luxe en escala de grises. Se maneja bien con la templanza brasileña, a la hora de hacer blues las penas lo parecen menos, y no se queda en la mera reproducción del original sino que se aventura a cambiar de registros, como en ese 'My Funny Valentine' levemente 'funkeado.
Acaba de llegar y ya tiene Rosa Lazar las cosas muy claras (en propiedad más bien muy oscuras), así que es un nombre a seguir de cerca en los próximos años porque desde su notable alto en este septiembre sólo puede acceder hacia el sobresaliente el próximo curso.






