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'Camino' conmociona al Festival al mostrar el martirio real de una niña en proceso de beatificación
26.09.08 -

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En la iglesia de San Martín de Tours, en el centro de Madrid, reposa un pequeño ataúd dorado con la siguiente inscripción: 'La sierva de Dios Alexia González-Barros. 1971-1985'. A ambos lados, dos atriles con estampas de la niña y un relato de su vida. Alexia era la menor de siete hermanos y recibió una estricta educación religiosa en el seno de una familia del Opus Dei. Murió a los 14 años, tras diez meses de una dolorosa enfermedad que la dejó paralítica y postrada en la cama. Alexia está en proceso de beatificación.

'Camino', la película de Javier Fesser que compite en San Sebastián, «se inspira en hechos reales». Recrea el martirio de la pequeña pero cambia nombres y datos. Para empezar, la protagonista se llama igual que el libro de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de la obra. Sólo tiene una hermana, numeraria en Pamplona, y su agonía dura cinco meses. El director de taquillazos como 'El milagro de P. Tinto' y 'La gran aventura de Mortadelo y Filemón' resume en el eslogan del póster el fanatismo que denuncia: «¿Quieres que rece para que tú también te mueras?».

Fesser firma una superproducción de cinco millones de euros con efectos especiales, que llega a los cines el 17 de octubre. Un melodrama de dos horas y media que se fuga al mundo fantástico cuando recrea los sueños de la pequeña. 'Camino' se enfrenta a dos acontecimientos opuestos y nuevos para ella: enamorarse y morir. Es una inocente beatilla que vive feliz hasta que un tumor la condena entre hospitales. Se resigna a su dolor contagiada de la fe inquebrantable de su madre, una esfinge fría y terrible que llega a decirle que siente envidia de ella porque pronto conocerá a Jesús.

Poderío y efectismos

Una vez ingresada en la Clínica Universitaria de Navarra, se pone en marcha una maquinaria de intrigas para beatificar a la niña. Fesser niega que su película critique al Opus Dei, pero retrata como una secta de fanáticos sin sentimientos a familiares, médicos y sacerdotes. Muestra con afán documental la vida de clausura de las numerarias, meras sirvientas al servicio de los varones de la orden. Le ha salido un filme emocionante y valiente, pero también excesivo y agotador. Provoca risas nerviosas cuando la madre reprime su sentimiento más visceral, el maternal, en aras de la fe.

Y es que 'Camino' resulta a ratos tan bonita como un 'spot' publicitario, merced al poderío visual habitual del director. Hasta se permite el lujo de insertar varios minutos de 'La Cenicienta' de Disney, que sólo en derechos de autor habrá costado un pastón (algún malvado la retituló 'La hermana enferma de Amélie'). También resulta insoportable en su dureza, casi obscena, cuando muestra al detalle el tormento quirúrgico de la niña. No duda en recurrir a efectismos en busca de la emoción, con ayuda de un reparto eminente: luminosa la niña Nerea Camacho, escalofriante Carmen Elías en el papel de madre.

Fesser insiste en que le motivó la necesidad de comprender, sin tomar partido. «Me rebelo contra la idea de que el sufrimiento y el dolor son un privilegio». Los momentos más escalofriantes de 'Camino' oscilan entre lo sublime y lo patético, como cuando la pequeña fallece y quienes la rodean rompen a aplaudir. «Ocurrió así. Parece surrealista pero no deja de ser algo bonito».
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