Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Guadix

23.09.08 - 10:20 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
La azucarera de San Torcuato, junto al paso a nivel de Guadix, se construyó en 1901. Desde entonces ha sido fábrica de azúcar, almacén, escenario de películas del Oeste, cárcel,... y si ha sido todo eso ¿por qué no puede ser un museo del azúcar y un campus de verano? Esta es la propuesta que han hecho dos alumnos de la Escuela de Arquitectura de Sevilla, Alberto Germá y Esther Gómez, y lo han hecho tan bien que le han dado un premio. La Fundación Detea ha reconocido su goloso proyecto con el Premio al Fomento de la Arquitectura Industrial en Andalucía en su séptima edición.
Aquella azucarera nació en una época de crisis y ayudó al Guadix de aquel entonces, según la memoria del proyecto, a salir de un bache económico. En este otro principio de siglo y a la vuelta de varios ciclos económicos hay una nueva propuesta para –usando términos de la modernidad– «dinamizar» la economía.
En palabras del coordinador de los premios y profesor de la Escuela de Arquitectura, Joaquín Sobrino, «el problema no es el dinero, es la necesidad de encarar este tipo de proyectos». Sobrino admira el edificio y estima que la Azucarera de San Torcuato es un ejemplo que podría difundirse a nivel internacional por su calidad constructiva y «al igual que Sergio Leone se fijó en ella para rodar, podríamos atraer a Guadix a otras gentes del mundo del arte y de la cultura que conviertan a la cuna de Pedro Antonio de Alarcón en un referente», asegura.
Es sólo un proyecto movido sólo por el afán teórico de estos dos alumnos para aplicar sus conocimientos a este espacio industrial. Esto quiere decir que no hay dinero para la propuesta, pero no es difícil relamerse pensando en reconvertir la antigua fábrica azucarera en un campus de verano y museo del azúcar.
También se relamen los alumnos premiados al pensar en un espacio diáfano como el que les ofrece la fábrica de San Torcuato. «Grandiosidad» es el término que emplean Alberto y Esther para referirse a ese espacio. El gran volumen construido se ha convertido en una tentación para construir desde lo ya construido. «Ese es el reto» aseguran orgullosos; es más difícil devolver a la vida a un edificio en estado ruinoso que construir desde la nada. Así que esa fue una de sus grandes motivaciones a la hora de redactar su proyecto.
«Hemos tratado de tocar lo menos posible lo que hay», aseguran Esther y Alberto. Sobre el papel proponen convertir sus más de dos mil metros cuadrados en museo, oficinas, salas de exposiciones, cafetería... pero respetando al máximo su origen. Confiesan que están «fascinados» con ese espacio y por eso dicen que no quieren tocar nada o casi nada.
La memoria hace constantes referencias a las «raíces» y en ella los dos alumnos dicen «que el objeto fundamental del proyecto ha sido no dejar atrás nunca esta idea, intentando en todo momento reflejar lo esencial de esta parte de nuestra historia, sobre todo, la de Guadix, creando una arquitectura basada en las raíces de la construcción y la industria».
«Una bella ruina»
El coordinador de los premios y profesor de la Escuela de Arquitectura asegura que Guadix tiene uno de los mejores ejemplos que hay en España de la arquitectura industrial. Actualmente es, dice Sobrino, «una bellísima ruina», pero que está en disposición de uso. Lamenta el retraso que llevamos en España y Andalucía en la recuperación del patrimonio industrial, porque «en el resto de Europa y algunos lugares de América recuperar edificios que han dejado de tener utilidad y transformarlos en escuelas, centros de hostelería es una práctica más que habitual».
Aunque el proyecto de Esther y Alberto es sólo una propuesta sobre papel, ya ha tenido un efecto tan importante como llamar la atención sobre el edificio. Pero, sin embargo, no creen que su «campus y museo» sea demasiado caro para sacarlo de papel. «Una de las cosas que se han mirado es la cuestión económica» y por lo que ellos dicen la recuperación de la azucarera es «asequible».
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Videos de ideal.es
más videos [+]
ideal.es
Vocento
SarenetRSS