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El Boeing 737 de la compañía Aeroflot se estrelló cerca de los Urales tras sufrir un fallo mecánico en uno de sus motores
15.09.08 -

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Un Boeing 737 de la serie 500 se estrelló en la madrugada de ayer cuando se disponía a aterrizar en el aeropuerto de la ciudad rusa de Perm, situada cerca de los montes Urales. Todas las personas que viajaban a bordo -82 pasajeros y 6 miembros de la tripulación- perecieron. El aparato de la compañía rusa Aeroflot cubría la ruta Moscú-Perm. Según las primeras hipótesis, la causa del siniestro fue una avería en uno de los motores.

Testigos presenciales sostienen haber visto la aeronave en llamas antes de caer a tierra. Según el responsable del comité de investigación de la Fiscalía General, Alexánder Bastrikin, «la turbina derecha se incendió» cuando la altura de vuelo era aún considerable. Sin embargo, un canal de televisión ofreció fragmentos de una conversación telefónica mantenida por uno de los controladores aéreos del aeropuerto de Perm en el que aseguraba que en el interior del avión sucedieron cosas extrañas.

Al parecer, cuando el Boeing debería haber iniciado la maniobra de descenso previa al aterrizaje, empezó de repente a tomar altura. La persona entrevistada afirmó que después se perdió momentáneamente el contacto con los pilotos, se oyó un grito y, segundos después, una explosión. El resplandor del incendio de los restos del avión siniestrado, de acuerdo con el testimonio, era perfectamente visible desde la torre de control.

Explosión a gran altura

El hecho de que el aparato explotara a gran altura se confirma por la gran diseminación de los restos del fuselaje, que quedaron esparcidos en cuatro kilómetros, y por haber quedado desmenuzados en trozos muy reducidos. Los cadáveres están también completamente despedazados. Oleg Popov, jefe del servicio de Protección Civil local, declaró que la identificación de los cuerpos «será muy laboriosa». «No se va a poder efectuar por examen visual», agregó.

En un principio, la Policía no excluía la posibilidad de que lo ocurrido se trate de un atentado. Sin embargo, el ministro de Transporte, Igor Levitin, enviado a Perm al frente de una comisión de investigación por orden del presidente, Dmitri Medvédev, descartó tal posibilidad y coincidió con Bastrikin en que el motivo más probable del accidente sea un «fallo técnico» en uno de los motores. Ayer, precisamente, Medvédev cumplió 43 años. Él y el primer ministro, Vladímir Putin, hicieron llegar sus condolencias a los familiares de los damnificados.

Entre las 88 personas que se encontraban a bordo del Boeing 737 había 7 menores y 21 extranjeros, ninguno de ellos español. Además de rusos, en la aeronave viajaban azerbaiyanos, ucranianos, un italiano, un turco, un francés, un estadounidense, un letón, un alemán y un sueco. Uno de los pasajeros era el general Guennadi Tróshev, antiguo comandante en jefe de las tropas rusas destacadas en Chechenia. Desempeñaba ahora tareas de consejero en el Kremlin.

No obstante, una decena de personas lograron salvar su vida gracias a que no llegaron a tiempo a la hora de embarque.

El avión cayó sobre el trazado del Transiberiano, dañando 100 metros de vía y 500 de cableado. Las cajas negras fueron halladas rápidamente. Los pilotos superaban juntos las 4.000 horas de vuelo. En cuanto al avión, explotado por la filial regional Aeroflot-Nord, tenía ya 16 años, pero pasó satisfactoriamente su última revisión técnica.
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