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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 25 abril 2014

Toros

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Puerta grande con matices pero de ley para el toreo de Ruiz Manuel y para el de Julián López 'El Juli' El almeriense cogió la llave en base al sentimiento, el madrileño por su depurada técnica y gran maestría

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Propiedad conmutativa
SENTIMIENTO Y DOMINIO. Ruiz Manuel, en un torero pase por detrás, al cuarto de la tarde, al que le hizo una gran faena. /J. J. MULLOR
ES cierto. Puede que no tenga ni idea de toros. Mi fuerte siempre fueron las matemáticas, y acudo a ellas muchas veces. Los toros no son una ciencia exacta. Si fuese así habría más toreros o algunos de los que hay arrojarían la toalla porque no les saldrían las cuentas.

Afortunadamente, los toros se asemejan más a la lotería, a un boleto de la quiniela, en donde las bolas o resultados se disfrazan de buenas faenas que permiten luego vivir de ese premio gordo durante largas temporadas. Ayer hubo en Almería toreros que se aferran a esa denominación del toreo como un arte y no como una ciencia exacta u otros a los que les tocó en su día la lotería y, aunque puedan tener malos resultados, el premio de entonces les da para vivir ahora. También quienes siguen jugando a la lotería y además aplicando el arte tarde tras tarde.

Ruiz Manuel responde al primer perfil, al del torero que busca el gordo cada tarde, que echa su boleto religiosamente cada vez que hay sorteo -desafortunadamente no son muchas las veces-, ilusionado con que un día le llegue el premio. Reniega de quien lamenta que cómo con tan pocas corridas toree tan bien. Ahí aparece mi vena matemática para aplicar la propiedad conmutativa y, aunque la cuestión sea un nuevo 'Expediente X' -más de investigación que de sumas, restas, multiplicaciones y divisiones-, viene más al caso. ¿Por qué toreando tan bien como es que lo hace torea tan poco?

A ver quién descubre el enigma. Puede que no haya respuesta. De todas formas si sus aciertos hubieran sido tratados con la misma vara de medir que la que utilizan para tratar los de otros no tendría que agarrarme a las matemáticas ahora, aunque sí sería matemático que Ruiz Manuel no tendría que aplicar la propiedad conmutativa para contestar cuando le preguntan por qué toreas tan poco con lo bien que lo haces.

Lo suyo es casi una aparición mariana. Cada mes de agosto, llegados a la Feria de Almería, el 'Expediente X' se manifiesta y con la citada pregunta como latiguillo. A ver si los que conocen la respuesta anuncian ya el resultado de la investigación.

Todo sucedió ayer, en una tarde en la que triunfó 'El Juli', pero el fruto de su éxito es más una obligación que una sorpresa. El madrileño atesora una nueva dimensión del toreo. Ha ganado en madurez con el paso de los años, sobre todo desde que decidió que las banderillas las tenían que poner los banderilleros.

Cayetano no tuvo suerte con el lote de Daniel Ruiz. El primero se fue 'atrancando' en las tablas y el último torero de la saga Ordóñez no tuvo ocasión de hacer más que arrimarse. En el sexto, acompañó el viaje y no estuvo convencido nunca. De todas formas con sus dos toros 'cantó la gallina'.

Madurez

Dicen que un torero empieza a torear bien cuando alcanza la madurez, pero sobre todo cuando se olvida del público y torea para él. Es entonces cuando, dicen, llegan los mejores momentos, las mejores faenas. Ayer Ruiz Manuel hizo el paseíllo 'con la plaza vacía' -no había nadie en sus graderíos- y sus muletazos la fueron llenando. Fue el fruto a una gran faena, en la que el diestro almeriense se olvidó de la técnica para poner el sentimiento, para hacer un 'cuadro' en el que disfrutó cada una de las 'pinceladas' con las que lo formó.

Y para hacer una buena obra de arte uno tiene que sentirse artista. Ruiz Manuel se sintió torero desde que cogió el capote. Lo consiguió en ambos toros, aunque el reventón lo pegó en su segundo, con un buen recibimiento, con toreo a la verónica, acompañando el viaje con la cintura, luciéndose en un quite por verónicas con la espectacular firma para rematar la serie con una revolera.

La muleta fue el final de una obra por la que pujar alto. Una faena con enjundia, templada, con ritmo, con mucha verdad y torería que aumenta el enigma sobre esa 'propiedad conmutativa'.

Los años no pasan en balde y, a veces, por fortuna, porque suponen experiencia. Los años de alternativa de Ruiz Manuel los aplicó, puso sobre el albero la inteligencia para mostrar un toreo madurado, consciente de que el tiempo es lo que da y quita. Por eso eliminó cualquier atisbo de prisa para componer la faena. Las tandas con los muletazos justos, ni uno más ni uno menos, los remates rompiendo al toro y rompiéndose con él. Luego, el tiempo justo para 'amasar' la serie siguiente, para descansar él y que descansara el toro.

El almeriense aprovechó la fijeza del animal, que no era para muchos más alardes, y consiguió instrumentar grandes tandas por los dos pitones, con mucha torería, con mucho arte, pero sobre todo con mucho sentimiento.

Meritoria faena con la que abrió una puerta grande que pudo comenzar a 'engrasar' con el primero de la tarde, pero falló con la espada, después de tener una actuación en la que tuvo que arriesgar para ir ganando pasos hacia el éxito. Porque el animal, rajado, le pidió eso. Pronto se fue adaptando a la embestida de un toro falto de fijeza, que enfiló rumbo hacia su 'hábitat'. En las tablas, el almeriense arriesgó con buenos ayudados por alto, con temple y torería, pero poco más pudo hacer.

Convencimiento

Lo de 'El Juli' con el segundo fue de convencimiento rápido. Es cierto que el animal fue el mejor de los que se lidiaron, pero se 'acunó' pronto en los lances de Julián López, que le enseñó el camino para 'embaucarlo' muy pronto. Lo consiguió con el capote, con los pies firmes y a la verónica, controlando la embestida para luego lucirse con un quite por chicuelinas, tafalleras y larga a una mano.

Julián López compuso una faena cada vez más exigente, con muletazos largos por el pitón derecho y por el izquierdo, ganando en intensidad e imponiéndose al animal, bajándole la mano, con mucha inteligencia, marcando los tiempos y, sobre todo, ligando en un palmo, sin darle terreno. No necesitó más espacios. Los que tuvo los supo administrar para confeccionar el triunfo. Además, muy variado, rematando la faena con manoletina, trincherazo y pase por alto, con el epílogo de una gran estocada.

El quinto toro sólo tuvo 'fuelle' para el capote, en el que se lució con las verónicas. Luego, con la franela, tuvo que dedicarse a buscar el pitón bueno sin encontrarlo, porque no hubo toro.

Sin fortuna

Cayetano no tuvo suerte -como casi todos los toreros de esta feria- y su lote fue el habitual concierto de la Feria. Por el recinto ferial han pasado Manolo García, El Canto del Loco y Estopa, por la plaza de toros de Almería 'el canto de la gallina'. Quien más quien menos ha pagado entrada de lujo para ver el 'concierto' y Cayetano fue ayer invitado.

A su primero le hizo una faena con una tanda de derechazos bajándole la mano de mucho mérito, pero desgraciadamente fue lo único que pudo hacer. Lo demás fue una pelea inútil, porque el torero quiso, pero el toro se negó en redondo, 'acurrucándose' en tablas. El sexto no fue ni más ni menos bueno. Rencoroso, no quiso oler el trapo. Cayetano no pudo hacer nada. Sin embargo éste es de los que le tocó la lotería en su día. Ruiz Manuel compró una serie del sorteo de la Virgen del Mar. Ahora toca esperar que su 'número' salga del bombo. Ya le toca.
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