Resulta indiscutible que nuestros políticos son tramposos. Todavía colea el tema de las subvenciones 'legales' (mediante trampa) recibidas por las compañías de vuelos baratos que operan en nuestro aeropuerto sin que la opinión pública se haya escandalizado por ello. Muy al contrario, lo ha visto como algo natural y conveniente puesto que el fin perseguido era aumentar el número de turistas que nos visitan. El fin justifica los medios, que antaño propugnó Maquiavelo y que hoy constituye, demasiadas veces, la justificación -a sus actos- de los mismos que hacen las leyes, los políticos, cuando éstos eluden su cumplimiento mediante maliciosos ardides.
Naturalmente el comportamiento de buscar beneficios hasta donde las trampas, que no las leyes, lo permitan, lo asume también -y con mayor razón- el resto de la sociedad que no tiene en sus manos el poder de cambiar las leyes, y su objetivo no es otro que el negocio, puesto que son personas físicas o jurídicas en busca de beneficios económicos, dando pie, ese modo de proceder de los políticos, a que personas o sociedades apliquen los protocolos de seguridad de los vuelos aéreos adoptando los mismos tramposos criterios que los seguidos por los políticos para la concesión de ayudas a las compañías de vuelos baratos. Esas corruptelas, pues, de la clase política, explican que hoy se viva un feroz capitalismo, sin duda causante -entre otras indeseables consecuencias- del aumento del número de ciudadanos con ingresos que los sitúan en el umbral de la pobreza, a la vez que también aumenta el número de personas poseedoras de grandes fortunas.
Pero no es solamente la ciudadanía quien padece esas perniciosas consecuencias. También ciudades como Granada que por su variedad paisajista, junto a Santander y San Sebastián, fue considerada como una de las ciudades más bellas de toda España, ha perdido gran parte de su encanto por culpa de un urbanismo tramposo que ha puesto los planes urbanos al servicio de la financiación de los ayuntamientos en vez de supeditar, dicha financiación, a un urbanismo concorde a proporcionar calidad de vida a quienes la habitamos, dejando que fueran también las otras administraciones quienes hicieran frente a la necesaria financiación de todos los ayuntamientos, como ahora, una vez desinflada la burbuja inmobiliaria, reclama, incluso mediante huelga de hambre, algún desesperado alcalde de nuestra provincia. Que Granada haya cuadriplicado su superficie en menos de veinte años sin haber crecido su población (creo que incluso ha decrecido), demuestra meridianamente que ha sido el valor añadido que suponen las recalificaciones urbanísticas la causa de ese disparate urbano en que hoy se ha convertido Granada cuyos habitantes -aparte de ser muchos de ellos víctimas de la crisis inmobiliaria- padecemos toda clase de carencias propias de una ciudad que no llega al cuarto de millón de habitantes, cuando por su superficie (excluida naturalmente su área metropolitana) exigiría los servicios inherentes a urbes cercanas al millón de habitantes. Quiénes, entonces, son los verdaderos beneficiados de los pelotazos que acompañan a las recalificaciones urbanísticas ¿la ciudadanía o los políticos?
Atentamente,
Sr. Director de IDEAL: Son frecuentes, en estas fechas estivales, las entrevistas a los alcaldes del área metropolitana con motivo de las fiestas de sus pueblos. En dichas entrevistas se resalta lo bien que lo están haciendo por sus vecinos y lo que están mejorando y pretenden mejorar. Uno de estos ediles es el alcalde de Maracena, el cual es raro el día que no sale en la prensa con la serie de obras y mejoras que está acometiendo.
Pues desde aquí quiero hacer llegar que no todo son flores, pues en la misma Maracena, el Sr. alcalde tiene muy enojado a un Barrio por las obras de una calle, en concreto Calderón de la Barca en las Mimbres.
Para la reparación de unos darros solicitó unas firmas de consentimiento -¿para qué, si eso es salud pública?- prometiendo una reforma integral que no se está realizando. Obras que comenzaron hace ya más de tres meses y medio con sólo dos personas trabajando y que no se sabe ni cuando acabarán. Firmas que según ha trascendido han servido para coger una subvención de la Junta de Andalucía, y que está justificando con una chapuza, entre otras eliminando los aparcamientos de una calle que es sólo vecinal, no hay establecimientos, no es una vía principal, es sólo del uso de los vecinos que en ella residen y que está ocasionando un serio problema en el barrio.
Aunque no resido en la mencionada calle, sí vivo en el barrio y ya estamos sufriendo las consecuencias de aparcar, ya que para colmo se trata de un barrio que no tiene cocheras.
Yo soy alquilado y espero irme pronto de aquí, pues cuando vine fue con el propósito de conocer cómo se vive en las afueras, huyendo del agobio de la ciudad, pero he comprobado que es mejor vivir en pleno centro de Granada que en Maracena.
Esta carta es sólo para aconsejar a los vecinos a quines sus alcaldes les pidan firmas, se informen bien para qué, soliciten un proyecto de obras con presupuesto, comienzo y fin de las mismas, pues la mayoría de los vecinos de la calle mencionada tienen la sensación de que se les ha engañado, de que al Sr. alcalde les trae sin cuidado; vamos, en una palabra, se sienten estafados, y la mayoría de ellos, manifiestan estar arrepentidos de haber firmado. Nunca firmen a la ligera, soliciten una explicación clara y por escrito, pues a estos vecinos sólo les queda esperar que otro gobierno venga a deshacer lo que éste está haciendo y seguro que no será tan costoso.





