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25.08.08 -

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La exposición celebrada en la sede del Centro Saramago de Orce, situada en el Castillo de las Siete Torres, ha sido uno de los actos organizados este verano para rendir homenaje a José Gibert.

Once ha sido los artistas, entre pintores, escultores y dibujantes, que han participado en una muestra que tenía como objetivo el compartir con el público en general y los vecinos de Orce en particular la admiración que los artistas que han colaborado sentían hacia José Gibert. «Él amaba el arte, y nos honra mucho el presentar estas obras porque con ellas se constata lo obvio: el arte le corresponde», comentan los artistas, entre ellos la propia mujer de José Gibert, Pepa Beotas, o sus hijas Blanca y Patxu Gibert.

Una de las atracciones de la muestra han sido las obras expuestas por el cantante Manolo García, amigo personal de Gibert y de su familia, tal y como quedó reflejado, el día que se las cenizas del descubridor del Hombre de Orce, fueron esparcidas en el yacimiento de Venta Micena, en la que el ex Ultimo de la Fila asistió desde un segundo o tercer plano.

La lista completa de artistas que han participado en la exitosa exposición, que según el alcalde de Orce, José Ramón Martínez Olivares, ha sido visitada por más de 2.000 personas, han sido, Manolo García, Pepa Beotas, Blanca Gibert, Patxu Gibert, María Lería, Maribel Guardiola, José Moreno, Mar Hernández, Xavier Ruano, Enma La Salle y el dibujante granadino y colaborador de IDEAL Carlos Hernández.

Chamarilero lorquino

En el catálogo de la exposición el alcalde de Orce señala como hacía ya casi treinta años que un hombre con aspecto de «chamarilero lorquino» encontraba a Mariana y a Tomás Serrano, al que de noche, cuando guardaba sus ovejas, « las piedras se le asemejaban huesos». Aquel paleontólogo catalán tardó muy poco en descubrir lo que otros jamás vieron, a pesar de tenerlo delante de sus narices: un inmenso patrimonio único en el continente, que consiguió que una tierra maltratada y olvidada brillara en todo el mundo. Ese es el legado de José Gibert, nada menos».

«Lo que pasó después, hasta su muerte, la ceguera de la administración y las envidias de muchos -continúa- son aún hoy insignificantes al lado de la determinación y fuerza de voluntad que demostré. Solo la enfermedad cobarde que acabó con él, le hizo sentir rabia en el último momento al comprender que no podría acabar su trabajo», señala el primer edil del municipio.
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