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Por cuarto día consecutivo el alto el fuego sigue sin respetarse. La presencia militar rusa no ha variado y de momento sigue sin abrirse el corredor humanitario 1 debido a la «falta de seguridad en la zona», según los rusos. Las toneladas de ayuda enviadas por Estados Unidos permanecen en el aeropuerto a la espera del visto bueno del Kremlin para su distribución. A esto hay que añadir las acusaciones sobre vandalismo y pillaje por parte de militares rusos y paramilitares prorusos, llegados desde Osetia y Chechenia, que han provocado el éxodo masivo de civiles.
El general Borisov quiso limpiar la imagen de sus hombres y aseguró que «todos los edificios están intactos y se está suministrando agua y electricidad a los ciudadanos». Sus palabras sonaban entre las explosiones de fondo que se sucedían en los aledaños de Gori y que, según diferentes fuentes, estaban originadas por la destrucción de almacenes e instalaciones militares georgianas. Grandes columnas de humo se elevaban de las colinas que la ciudad.
Un grupo de periodistas encontró un camión abandonado del ejército ruso en el que, según la Policía georgiana, soldados borrachos circulaban perdidos por una ruta secundaria en busca de un desvío hacia Osetia del Sur.
En el interior del camión se encontraron varios televisores, vídeos y otros objetos que según la Policía habían sido sustraídos de las viviendas que los miles de desplazados han dejado abandonadas para buscar refugio. Los dirigentes georgianos volvieron a denunciar un día más la gravedad de la situación. Nato Chikovani, portavoz de Exteriores georgiano, aseguró que junto a Gori, «la ciudad portuaria de Poti también sigue bajo control ruso».
Este estratégico puerto del Mar Negro permanece bloqueado por buques de guerra rusos que tratan de impedir la llegada por vía marítima de armas y pertrechos para el Ejército local. Shota Utiashvili, portavoz de Interior, acusó a las fuerzas rusas de «entrar el ciudad de Zugdidi -al oeste del país- y ocupar las instalaciones la Policía local».
Indignación ciudadana
Después de varias jornadas fuera de las calles, las fuerzas armadas georgianas volvieron a salir a escena. Un convoy con decenas de vehículos esperaba la supuesta retirada rusa para viajar a Gori y retomar el control. La policía también mantiene numerosos controles en la vía que parte desde la capital hacia el norte para prevenir a los conductores de la presencia de tanques rusos.
La ausencia total de fuerzas de seguridad nacionales en la zona de conflicto indigna a unos ciudadanos que critican las últimas decisiones del Presidente Saakhasvili -que ayer recibió la visita del primer ministro turco, Tayip Erdogan- por la falta de apoyo que está prestando a la población y por la falta de información sobre la situación real en el norte y oeste del país. Los medios locales elevan a 175 los muertos en los sies días deguerra, una cifra muy lejana a las 2.000 víctimas de las que hablan fuentes rusas.
«Por aquí han pasado 2.200 personas, pero hay más centros de acogida en los alrededores y en total estamos atendiendo a unas cuatro mil víctimas», destaca Gibi Amirkhanashvili, responsable municipal que supervisa el reparto de alimentos. En la parte baja de su oficina decenas de personas hacen cola para recibir harina, arroz, latas de tomate, pasta . Todo de forma gratuita, pero necesitan de manera urgente alimentos para niños.
Para peor
«La entrada en vigor del alto el fuego se ha notado, pero para peor. En los últimos dos días estamos recibiendo más gente que al comienzo, todos huyen de los actos de vandalismo y pillaje de los paramilitares», lamenta Amirkhanashvili, que también indica que gracias a la implicación de los vecinos, se han levantado las tiendas de campaña de los primeros días y todo el mundo ya puede dormir en casas.
Los recién llegados hablan de saqueos, asesinatos y absoluto pánico. Cuando se les pregunta por los autores de los abusos las respuestas de los consultados son confusas. Apuntan a «rusos», «chechenos», «osetas». ¿No saben si eran militares o paramilitares? «¿Qué importa? Nos atacaban y ahora se han quedado con todas nuestras pertenencias», responde una anciana.








