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El hijo de Audrey Hepburn visita Granada para concretar los preparativos de la exposición sobre su madre en el primer Festival de Cine Clásico
03.08.08 -

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«Por su buen gusto, mi madre hizo películas de vida larga; ligeras, pero no frívolas»
SEDE. Sean Hepburn Ferrer, ante el Teatro Isabel la Católica, sede del festival. / GONZÁLEZ MOLERO
Sean Hepburn Ferrer, hijo del matrimonio formado por Audrey Hepburn y Mel Ferrer, visitaba Granada este fin de semana acompañado de su familia con la intención de cerrar un acuerdo de colaboración con la organización de la primera edición de Festival Internacional de Cine Clásico de Granada. Durante su estancia, Sean Hepburn pudo conocer personalmente los espacios en los que se celebrará dicho evento mientras disfrutaba de los encantos de la ciudad.

-¿Qué le parece la idea de crear un festival en el que se muestre únicamente el cine clásico? Desde luego parece tratarse de un tipo de evento que hasta ahora, al menos en España, no se había planteado.

-Me parece fantástico. Cada vez que se anuncia un nuevo festival de cine, siempre tengo un momento de pausa y de duda. ¿Hay tantos en el mundo! Pero hay muy pocos que celebren el cine clásico, festivales que nos llevan a un tiempo en el que el cine era realmente otra cosa. Actualmente hay muchos 'revivals', por ejemplo, del cine de los 70. Los estudios dedican grandes presupuestos a algo que realmente no funciona y en realidad sobreviven gracias a aquellas películas. No inventan nada y lo único que hacen es representar lo clásico.

-En su primera edición la figura homenajeada será Audrey Hepburn. Supongo que para usted será un honor.

-Por supuesto que es un honor. Para mí siempre será mi madre. Ahora no sólo la contemplamos como una actriz única, también apreciamos su influencia en la moda y en el cambio de los cánones de belleza que marcaron aquellas décadas. Ella cerró el círculo de su vida con su trabajo para Unicef. La gente que se había enamorado de ella 50 años atrás la reconoció como una persona de gran valor, de gran generosidad. Por todas esas razones es un honor, porque era una persona que merecía la pena.

-Creo que una exposición durante el festival mostrará algunos objetos personales de su madre...

-Estoy muy feliz de mi visita hasta ahora, porque me he enfrentado con una ciudad y un gobierno moderno preocupado por el arte, lo cual entronca con nuestra manera de hacer las cosas en la Fundación. Supone continuar su trabajo con los niños. Hemos encontrado en esta estupenda relación con la ciudad una manera de lanzar este festival arrojando una mirada a su carrera. Durante el festival exhibiremos objetos personales de mi madre, como algunos famosos trajes que formaron parte de su vestuario, los Oscars que obtuvo y, sobre todo, una preciosa colección de más de 250 póster originales, todos ellos litografías.

-Esta mañana ha estado visitando algunos espacios que podrían acoger dicha exposición.

-Sí, todas las localizaciones que hemos visitado, como el Centro Cultural Gran Capitán o el Crucero del Hospital Real, son espacios fantásticos para acoger esta exposición. Además habrá piezas destacadas por otros rincones de la ciudad haciendo partícipes así a todos los ciudadanos de Granada.

-¿Cuál es la labor de su fundación?

-La primera cosa que hicimos cuando falleció mi madre fue crear un fondo para su memoria enmarcado en los programas de Unicef. Un proyecto dedicado a la educación en cinco países desprovistos de una infraestructura: Sudán, Somalia, Etiopía, Eritrea y Ruanda. Ella pensaba que se podría cambiar la dirección de su historia gracias a la educación. Para continuar con nuestra relación con Unicef, el año pasado transformamos este plan en un programa global. Un plan que persigue ayudar a 115 millones de niños de todo el mundo que no tienen acceso a la educación, de los cuales dos tercios son niñas. Más tarde creamos la Fundación Audrey Hepburn para los Niños Desheredados, una corporación pública en Estados Unidos que permite desarrollar un trabajo humanitario otorgando una serie de ventajas fiscales al donante. Es el vehículo con el que la familia arma sus proyectos. Mi madre creía que el peor crimen contra la infancia era el robo de la infancia misma y por ello procuramos alcanzar esta educación global a largo plazo.

-Junto a los detalles del ciclo dedicado a su madre, ya conoce íntegramente la programación. ¿Qué le ha parecido?

-Mi madre tuvo la enorme suerte de participar por su buen gusto en películas que han tenido una vida mucho más larga. Un cine que no era frívolo, sino ligero. Aunque hizo películas serias, su carrera estaba impregnada por una especie de merengue perfecto. Es el resultado óptimo del arte. Decía Picasso que le costó una vida volver a pintar como un niño, algo liviano, simple. Por otro lado, la programación cuenta con un ciclo dedicado al maestro Fellini, un cine esencial. Como dice Bertolucci, Fellini es la voz del alma. Hiperrealidad y sueño van de la mano gracias a una creatividad excepcional que se equilibra. En cuanto a otra sección dedicada al fantástico italiano, aquella fue la respuesta para una generación que necesitaba su propio cine, una generación que leía comics tan conocidos en Italia como 'Diabolik', cuya versión cinematográfica también se proyectará en el festival. Era un cine que reemplazaba esa adoración europea por el cómic y que hoy los japoneses y estadounidenses han retomado.

-El festival contará con un director joven, David López. ¿Qué opina al respecto?

-Lo veo francamente perfecto. Hollywood es obviamente un lugar donde los jóvenes siempre han sido reyes. Uno pensaría que un festival de cine clásico debería dirigirlo un hombre de 50 ó 60 años, pero no, eso es un error. Para que el cine clásico sobreviva es necesario estar pendiente del avance tecnológico, un signo del tiempo. El cine clásico ganará a todas las otras películas y es importante para ello que haya jóvenes ahí. En las estanterías siempre estarán las películas de mi madre. Los jóvenes sienten hoy una gran admiración por ella, porque saben que es un cine que hoy ya no hace.

-Tengo entendido que ha realizado un largometraje.

-El cine siempre fue un sueño mío desde pequeño. En el momento en el cual yo meditaba saltar de la producción a la dirección coincidió con la muerte de mi madre. Mi hermano pequeño comenzaba su carrera en el diseño gráfico y tomamos la decisión de que yo cuidaría la imagen y el futuro de nuestro libro de familia. Al final, mi propia carrera en el cine se convertiría en un hobby. Mi largometraje 'Racehoss' parte de un guión que escribí pero que nadie se atrevía a dirigir. Finalmente la filmé yo mismo en alta definición. Es la historia de un hombre que crece con una prostituta africano-americana en un medio hostil forjando un carácter violento que lo arrastra a un sistema de prisiones brutal. Un hombre que acabaría redimiéndose, hasta conseguir la Campana de la Libertad norteamericana. Tuvo una conversión profunda que despertó en su seno una compasión increíble. Es un largometraje a medio camino entre el documental y la 'stand-up comedy'.

-Ya había estado antes en Granada. ¿Cuál ha sido su impresión de la ciudad?

-Granada es una ciudad preciosa, atemporal, pero sobre todo una ciudad difícil de definir. Estamos en el sur de España, pero tampoco es fácil precisarlo. Paseando por el centro uno se imagina en Suiza por la limpieza y la calidad de la arquitectura. Es el mérito de obtener la Escoba de Plata. Granada es una ciudad con muchas capas escondidas, como el vestuario de geisha.
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