Visto ya que existe el problema, que no nos lo hemos inventado los currantes para fastidiarles las vacaciones en el chalet de la playa ni el crucero, los políticos, padres como son de la patria, se han enfundado su traje de faena, su corbata de seriedad de Hermés -los caballeros- o sus 'manolos' de sensatez -las señoras, por supuesto- y ya se han puesto a trabajar con el magín (lo de doblar el espinazo no va en su línea) para sacarnos del apuro. Y en Granada, que es tierra de ideas prodigiosas, se les ha ocurrido después de muchas noches sin dormir que tal vez una manera de reducir la crisis económica, de llegar a fin de mes también en el Consistorio, sea apretarse el cinturón. Tan complicadas se han puesto las cosas que, la primera medida, cuentan que va a ser finalizar la etapa «ponga un Audi en su vida» para los concejales, que tan gravosa ha sido para las arcas públicas. Pasaremos ahora, salvo para el alcalde que para eso es el que lo ha pensado, a los coches más baratos y de menor consumo y, a ser posible, ecológicos, que queda más moderno y más de clase obrera militante y comprometida. Casi como si fueran gente normal, de los que pisan la calle y tienen problemas para pagar la hipoteca o las zapatillas de los nenes, vamos. Tan alto sacrificio no va a ser el único, sino que, además, se congelan sus sueldos y los de los cargos digitales (léase nombrados a dedo), además de acabar con las cuchipandas institucionales con cargo al erario, las bombillas descarriadas y excesivas que abrasan la vista y los viajes por el mundo mundial en busca de genialidades que aplicar en Granada. Resumiendo: que se acabaron las vacas gordas y que vienen ahora unas vacas algo menos lucidas para nuestros próceres, pero no tan tremendamente flacas como para la ciudadanía, para el paisanaje común, que ellos, que son gente ilustrada, ya se barruntaban algo y por eso se subieron los sueldos un dieciséis por ciento a principios de legislatura (con oposición de Izquierda Unida, que nadie lo olvide), para compensar este tipo de contratiempos.
O sea, que lo de la crisis va a ser menos crisis para ellos, pero les deja ante la perversa realidad de no tener coche oficial en el que pasear sus desvelos con garbo y chofer. La alternativa no es halagüeña, pero existe: o bien moto como García Montero, o bicicleta como Lola Ruiz que, como vive anclada en la realidad, no va a tener que cambiar nada, o autobús como todos los mortales. Incluso, si no quedara otra alternativa, pueden recurrir al eficaz coche de San Fernando, que seguramente algunos ya ni recuerden. Pero como esta columna es, mismamente un servicio público, ya les recuerdo yo que es un ratito a pie y otro andando. Y encima dicen que sirve para bajar el colesterol de las comilonas. Si es que no se puede pedir más





