GRANADA

El Ayuntamiento ha fulminado todo vestigio de aparcamiento gratuito en las habituales zonas de segunda residencia desde las playas Puerta del Mar a Velilla, de El Tesorillo al Pozuelo, el paseo de San Cristóbal y todo lo que faltaba de pintar por azul en La Herradura, desde el mercado a La Caleta. Basta con preguntar por la zona azul en estas zonas para que, especialmente los veraneantes, echen sapos y culebras por la boca. Sienten que les quieren echar y que les están fastidiando el verano. Directamente a más de uno... y más de diez les han dado ganas de vender el piso.
Los grupos de la oposición en el Ayuntamiento (PSOE, PP e IU) han reprochado «la situación de indefensión» en la que se quedan los vecinos con esta «injustificada ampliación» que a su juicio no soluciona el problema del aparcamiento sino que lo agrava, porque no hay alternativa. Y es que la ampliación de la zona azul coincide con las obras de los parkings subterráneos de San Cristóbal y Velilla, que tienen patas arriba los paseos y han acabado literalmente con el aparcamiento en la zona. Tanto vecinos como residentes optan por aparcar los vehículos en las explanadas gratuitas de la entrada de Almuñécar, en la zona del P-4 -saturadísima en estas fechas en las que Almuñécar multiplica su población- y volver a pie a los paseos marítimos, a una distancia aproximada de un kilómetro. Los que consiguieron plaza a principio de verano tienen el coche plantado en el P-4 y no lo mueven mientras que entre los que llegaron más tarde el sentimiento generalizado es que ya no saben qué hacer con el coche en Almuñécar.
En La Herradura, por ejemplo, ni siquiera hay alternativa de aparcar en zonas como el P-4 ya que todo es zona azul.
De once a once
Además la nueva zona azul no es una ORA cualquiera. Es leonina ya que funciona ininterrumpidamente, de lunes a domingo, de once de la mañana a once de la noche y sin los habituales descansos (de 14. a 17.00 horas), lo que trae de cabeza a los usuarios que tienen que vivir pendientes de renovar el ticket.
El ticket máximo es el de seis horas -a un precio de 3,30 euros- por lo que aparcar todo el día donde siempre lo habían hecho hasta ahora, en los paseos junto a sus apartamentos, a los usuarios les cuesta 6,60 euros, más las molestias de ir a cambiar el ticket.
La medida, que entró en vigor a principios de julio, estará vigente en principio hasta el 15 de septiembre y está justificada, según el gobierno municipal, como fórmula para fomentar la rotación de vehículos y de evitar las imágenes de los coches que se pasaban el mes entero plantados en los paseos con el toldo encima.
El alcalde de Almuñécar rehúsa hablar con IDEAL pero en la web local donde suele realizar sus declaraciones (www.infocostatropical.com) lo ha podido decir más alto pero no más claro: «Yo a los señores que afirman que la zona azul sale muy cara les diría que elijan otro lugar más barato para pasar el verano. Estoy convencido que en cualquier otro lugar les recibirán encantados».
Y sin lugar a dudas son muchos los que tienen ganas de hacerle caso al alcalde. «Lo que me transmite el cliente habitual de esta playa es que Almuñécar se vaya olvidando de ellos, no se si será por el calentón», valora Rodolfo Pérez, gerente de la empresa de alquiler de apartamentos Tropisol. La opinión personal de este profesional turístico es que desde luego, si había que implantar la medida, este no era el verano para hacerlo, con los parkings en obras y sin alternativa.
Benavides ha declarado además en esta web que las seis horas de un ticket son suficientes para que los veraneantes «vayan a la playa, a comer o cenar y lo que quieran» y que Almuñécar quiere apostar por un turismo de calidad al que no le importa pagar «por la comodidad». Benavides no quiere turismo «barato de mogollón».
Las otras sufridoras
Enmedio del fuego cruzado entre el equipo de gobierno y los veraneantes se encuentran los trabajadores de la zona azul, que están soportando una presión tremenda aguantando las iras de los sufridores de la zona azul, como admite una joven controladora que prefiere no dar su nombre. «El trabajo se hace insoportable aguantando todo el día a gente enfadada. Mis compañeras y yo lo estamos pasando faltal, no podemos estar solas, hasta nos amenazan». La chica, que impone unas 30 multas diarias a los rebeldes que se niegan a aceptar la zona azul explica que el boicot a las máquinas de la ORA crece y cada día se encuentran entre tres y cuatro quemadas con ácido o bloqueadas con silicona. La empresa ha tenido que dedicar a una empleada en exclusiva a reparar las máquinas boicoteadas.








