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Granada

GRANADA

El desvío por las obras cerca del cruce de la carretera con la N-340 provoca un cuello de botella en el que quedaron atrapados toda la mañana cientos de coches, con más de diez kilómetros de retenciones Los usuarios rechazan el 'parcheo' y prefieren que se mantenga el doble carril hasta septiembre

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Las prisas por abrir la autovía bloquean la N-323 e indignan a los conductores
MOLESTIAS IMPERDONABLES. Interminables colas de vehículos por el corte de la N-323, que está en obras para preparar la llegada de la autovía en el último tramo del cruce de Motril. /ALFREDO AGUILAR
¿Quién les iba a decir a los miles de sufridos conductores asiduos a la carretera de la Costa que iban a reclamar a gritos que vuelvan los conos del doble carril? Y no es que, tras cinco años, les hayan cogido cariño. Es que ayer el remedio -o en este caso el intento de poner remedio- resultó bastante peor que la enfermedad. Las apresuradas obras para poder abrir la autovía A-44 antes de agosto -que han cortado en pleno mes de julio la recta final de la Nacional 323 y obligan a desviar la circulación por un único carril creando un cuello de botella- se convirtieron en una desesperante trampa en la que se cayeron centenares de conductores durante toda la mañana de ayer.

Los preparativos para abrir la autovía a marchas forzadas este verano -a pesar de que se tendrá que contemplar un desvío de dos kilómetros por la Alpujarra para salvar el viaducto que no está terminado- provocaron así que la Costa Tropical diese un paso atrás en su historial de atascos y rememorase los tiempos del carril único, con una jornada caótica en la que volvieron las desesperantes retenciones de las mañanas de los sábados, ésas que, en los últimos años, los conos ya habían hecho olvidar.

El pitote -tremendo- se armó poco antes de las once de la mañana. Estaba cantado que cuando comenzase el intenso flujo de tráfico en dirección a la Costa, el corte por las obras cerca del cruce -que obliga a circular 600 metros en un único carril- iba a provocar problemas. Y, efectivamente, provocó entre ocho y doce kilómetros de problemas continuados durante toda la mañana.

Para intentar paliar el caos, la Guardia Civil desvió la circulación de forma intermitente, desde las once de la mañana, por los caracolillos de Vélez, que también se colapsaron. Los agentes cortaban el paso de la N-323 y desviaban por Vélez a los coches hasta despejar unos 500 metros la N-323. Después volvían a dejar circular por esta vía, sin que los conductores tuviesen opción de elegir la ruta menos mala. Eso sí, no fueron pocos los que -ante la desesperación- optaron por dar media vuelta y regresar en dirección a Granada. Se acabó la playa.

El colapso de las carreteras obligó a todos los granadinos que bajaban a las playas a darse el chapuzón entre media hora -los que más suerte tuvieron- y 50 minutos más tarde de lo que habían previsto... y sobre todo a dárselo con un tremendo mal humor. En las playas no había otro comentario: indignación generalizada y clamor para que no se hagan «experimentos en verano». Todos los consultados preferían que el Gobierno hubiese mantenido el doble carril con conos hasta que toda la autovía A-44 pudiese abrirse «sin parches», en lugar de acometerse las obras que obligan a cortar la carretera en pleno mes de julio.

Sin plazo

a Guardia Civil no pudo confirmar cuántos días habrá que mantener el desvío provisional que obliga a circular en un solo carril entre los puntos kilométricos 189,7 y 190,3 de la N-323. Por lo pronto, si nadie lo remedia, esta tarde de domingo la vuelta a la capital promete ser apoteósica.
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