Veamos: la ley a la que me refiero indica que sólo se puede repetir dos veces en la ESO, una en cada Ciclo; excepcionalmente, tres.
Muchos de los alumnos que entran en el primer año de la ESO se lo toman con calma: a disfrutar y vagar, que atender en las clases y estudiar requiere constancia y esfuerzo Como resultado, un buen número de asignaturas suspensas a final de curso. El alumno, incapaz de aprobar en septiembre, repite curso. Al año siguiente como por 'imperativo legal' no se puede repetir de nuevo en el Ciclo, aun teniendo todas las asignaturas suspensas, el alumno pasa a 2º de ESO sin un mínimo de conocimientos. En este curso, se renueva la historia de vagancia y de nuevo por 'imperativo legal' promociona a 3º de ESO, aun con todo suspenso. Aquí, dado que está en un nuevo Ciclo, puede obligarse al alumno a repetir si no consigue aprobar un mínimo de asignaturas. Si repite, aun de nuevo con todas suspensas, por 'imperativo legal' pasa a 4º de ESO, y dado que sus 'lagunas' de conocimientos son tan grandes puede, si no se esfuerza, terminar este último año de nuevo con todo suspenso. ¿Qué se hace desde el punto de vista administrativo? Se le certifica que ha estado escolarizado 6 años, pero en el que se refleja un expediente académico 'lo más lucido': la ignorancia del sujeto y la nula preparación académica para afrontar estudios posteriores.
Ya me dirá usted, Sr. Director, cómo será el comportamiento de estos alumnos en las 6 horas de clase que deben permanecer en las aulas: faltas de disciplina, mala educación, etc., que indudablemente repercuten muy negativamente en el trabajo de los otros compañeros que quieren trabajar y del propio profesor. Si en cada grupo hubiera 2 ó 3 de estos malos alumnos, se podría hacer algo; pero este mal, como las enfermedades, infecta cursos en los que más de la mitad de los alumnos son repetidores. Esto no es fantasía, es la realidad que tenemos delante cada jornada los profesionales de la educación.
Ante este panorama, propiciado por la Administración ¿educativa?, es lógica la frustración y desánimo de gran parte del profesorado. Y el que puede, pide la jubilación anticipada y se marcha. Qué pena, ¿verdad?





