Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Cultura

Cultura-Granada

Los fados del grupo portugués Al Mouraria fueron muy aplaudidos por el público que abarrotó la plaza
05.07.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
A las nueve y media de la noche la cola de gente para conseguir entrada daba la vuelta a la catedral pasando por el Sagrario. Muchos se resignaron a ponerse en fila y directamente se sentaron en las escaleras de la Plaza de las Pasiegas dispuestos a escuchar los nuevos fados de Al-Mouraria. A las diez de la noche los portugueses tenían la plaza rebosando de un público variado y aficionado a la música portuguesa.

El programa era atractivo: un quinteto portugués, compuesto por tres hombres en los instrumentos y dos mujeres a la voz, interpretaban a los pies de la Catedral una fusión de fados tradicionales y nuevos. «Me gusta la música en lengua portuguesa, me parece que transmite mucho aunque haya cosas que no entiendas», decía una mujer que hacía cola. Otros, aunque no habían venido por cuenta propia sino como acompañantes, se mostraban optimistas al afirmar que «aunque no sé qué voy a encontrar, lo que he leído en el programa me parece muy bueno».

A las diez y cinco de la noche el aforo estaba completo y las bocacalles también. Incluso los balcones de las casas tenían espectadores. «Me parece genial que esto sea aquí, en la calle, así todo el mundo puede participar y disfrutar de este espectáculo, beber cultura», comentaba una mujer sentada en un escalón. Otros, sin embargo, se quejaban del aforo. «No le veo la gracia a que tenga tan poco aforo, podrían haber estirado un poco más las vallas, o aprovechar mejor el sitio». El mejor sitio, sin duda, la terraza adjunta al recinto, donde, cerveza en mano, los espectadores disfrutaron de un «buen concierto». En cualquier caso, tras un breve aplauso del público que causó un silencio, comenzó el espectáculo.

Una guitarra portuguesa, una viola, una flauta, un saxo y un bajo acústico junto con las voces «maravillosas», descritas por una entendida espectadora, pusieron ritmo a todo el entorno de la plaza con la primera canción. Posteriormente tomó la palabra una de las cantantes para presentar al grupo: «Yo hablo portugañol», dijo recibiendo las risas del público. «Espero que me entiendan bien», añadió. La artista explicó para los presentes cómo Al-Mouraria no era un grupo de fados tradicionales, sino que fusionan «el ritmo de fado con flautas y guitarras, música portuguesa y el traje típico». Fue entonces cuando el concierto había comenzado realmente.

Casi todo el público coincidía en su pasión por este tipo de música. «Yo canto fados», comentaba un espectador; «no sé cómo será este grupo, no los conozco, estoy intrigado», añadía. «Me apasiona esta música, me gusta porque los he escuchado desde chica en mi casa», comentaba una pareja detrás de la valla; «esto me servirá para relajarme después del último examen», decía otra. Y también hueco para los despistados, «vengo de la plaza del Carmen y allí no había nada, ahora no me puedo sentar, menos mal que esto es abierto. Aunque si hubieran quitado la terraza del bar mejor».

Opiniones contrarias

Canción tras canción, el estilo del grupo fue calando en el público. «Me encanta la alternancia de ritmo, mezcla un sentimiento melodramático con uno alegre, uno tranquilo con uno con coraje», decía un hombre en la terraza del bar. Dos mujeres que estaban de pie en un bordillo, seguidoras de fados, comentaron que «nos gusta el grupo porque es auténtico de allí y eso se nota. A nivel artístico el músico del saxo acaba de intercalar ritmos de jazz y eso da un toque muy original»; su compañera estaba de acuerdo con ella y añadía que «el hecho de tocar canciones conocidas hace que la música llegue más al público, es como más familiar». Los artistas consiguieron arrancar aplausos del público que marcaban el ritmo de la canción interpretada.

Pero, como siempre, las opiniones no son totalmente positivas. «Yo he vivido en Lisboa y allí si son fados de verdad, esto está bien, o no está mal, no sé cómo decirlo», comentaba un espectador a quien su pareja le llevaba la contraria: «Que hayas vivido en Lisboa no quiere decir que sepas de fados, el concierto está muy bien». Y como opiniones, actitudes, porque un tipo, calificado por él mismo como «nómada», montó un gabinete con ayuda de una silla de masaje japonés muy peculiar. «Me gano la vida dando masajes. No sabía que estaba esto aquí esta noche y al pasar me he quedado. De momento no he tenido clientes, pero la idea no es mala», decía el masajista, «He aprovechado para ver el programa y mañana vendré como espectador», explicó. Otros emplearon los fados para concertar una cita y poner cara a sus palabras del chat: «Eres más guapa en la realidad que por las fotos que me has mandado, por fin te conozco », le decía a su, hasta el momento, desconocida acompañante.

Al-Mouraria no dejó indiferente a nadie. Pocos se levantaron en mitad del concierto dejando al espectáculo sin un final concreto. El entorno acompañó a más de una pareja encantada que se decidió a bailar, como si nadie los mirara, en mitad de la plaza. Otros se emocionaron al «recordar a Carlos Cano», comentó un joven. Un concierto muy aplaudido que para algunos fue «como viajar a Lisboa».
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios

Buscar en ideal.es

Vocento
SarenetRSS