Cultura-Granada
Imagínese por un momento: un lugar maravilloso, una compañía agradable, una música única y un cielo con estrellas. Qué más puede pedirse. Al principio del concierto, en torno a las nueve de las noche, una vez situados, mirando hacia el oeste, pueden verse dos puntos rojizos brillantes; son los planetas Saturno -sí, el de los anillos- y Marte. Ambos están junto a la constelación de Leo, concretamente al lado de su pata delantera. Hay que ser como un niño y dibujar con estrellas la figura de un león. Conforme avanza el concierto, las constelaciones se desplazarán hacia el oeste, hasta perderse de vista. Al terminar el espectáculo el león ya no estará en el cielo.
Algo característico que se puede detectar con facilidad es la constelación del cuervo, al sur. Una especie de cuadrado presente en torno a las nueve y media de la noche, detrás o enfrente del escenario (según esté al sur o al norte).
A la Luna, vergonzosa, no le veremos la cara hasta el sábado. Muy al oeste y al principio del concierto se podrá observar tan sólo una línea finísima que indica que está creciente. En el concierto del domingo, sin embargo, como despedida, al inicio de la actuación el satélite aparecerá, también discretamente, con forma de uña al lado de Saturno y Marte.
Arturo, la estrella, acompañará a los artistas y espectadores durante todo el concierto. Es un punto muy rojo que forma parte de la Constelación de Boyero situada al este y que irá avanzando, cortando la línea norte-sur, hacia el oeste. Incluso si tenemos suerte, como adelanto a la próxima lluvia de meteoros de agosto, se podrá observar alguna estrella fugaz. Si las luces del escenario lo permiten además de buena música y buen arte también puede disfrutarse de un cielo repleto de misterios.








