festival de música y danza

El público, tan escaso como entregado, ofreció un breve aplauso como bienvenida a la orquesta. El director lo agradeció con una solemne inclinación y dio comienzo al espectáculo con una música viva, fresca, dinámica, como veraniega y popular. «Lo están haciendo genial», apuntaba la mujer encargada de la seguridad de una noche la mar de tranquila. Un matrimonio perdido entre las primeras filas se lamentaba de la falta de público. Menos mal que al final se llenaron más de la mitad de las butacas. Aunque algunos espectadores intentaban distraerse con el partido de España (algo que no era complicado porque los hinchas de los bares más cercanos casi sonaban más que la música) la orquesta no lo permitió. La alternancia de ritmos, la calidad de la interpretación, los golpes y algún que otro estudiado silencio, lograron atraer la atención. Eso sí había opiniones para todos los gustos: «Esta música del siglo XX es terrible. Hay cosas muchísimo mejor para interpretar en el Fex y no lo hacen, este año, por ejemplo, no han tocado nada de Mozart», se quejaba un espectador. A casi todos los demás les encantó.









