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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

Cultura-Granada
El flamenco, a los pies de Eva
La Yerbabuena bailó magistralmente en el Generalife 'mecida' por las mejores voces del cante actual, como Poveda. Una noche única para celebrar la primera década de su compañía

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El flamenco, a los pies de Eva
Eva la Yerbabuena, en el centro, ba¿ló en muchos registros, desde los más tradicional a los más contemporáneo, pero su flamenco es profundo y bello en cualquiera de los casos.
HAN pasado ya 10 años desde que la compañía de Eva la Yerbabuena diera sus primeros pasos. Ganas, juventud y locura le sobraban -y sobran- a esta granadina nacida en Francfurt (Alemania), que desde entonces ha dado la vuelta al mundo cosechando grandes críticas y cautivando el alma del respetable con su sinuoso cuerpo, cargado de baile con garra, flamencura y hondura.

Sin embargo, anoche, en el Generalife, los que terminaron locos de remate por el regocijo que les causó el espectáculo que estrenaba la Yerbabuena fueron los asistentes. Los recibieron varios miembros del cuerpo de baile que, en silencio y con lentitud, de negro y blanco, ofrecían en el escenario pequeños detalles de los distintos montajes que la compañía ha realizado a lo largo de su historia.

Los bailarines desaparecieron de las tablas lentamente, los músicos se colocaron con discreción al fondo, y Eva y Miguel Poveda salieron por distintas esquinas del escenario para conmover por primera vez -pero no sería la última de la velada- a los espectadores.

Pocas veces se tiene delante un montaje con tanto gusto, con baile de categoría como el de Eva regado por el cante de la mejor garganta del flamenco joven actual, Miguel Poveda, que dejó en los cipreses alhambreños el sello inconfundible de su cante medido, sin gritos, profundo. Su presencia supo a poco.

Con ese duende y aplomo flamenco que derramaban sus volantes, que en ese momento eran negros como el tizón, Eva eligió 'Alba del hijo', una nana, para acunar el alma del público junto a la voz rasgada de Miguel Poveda. Lejos de adormecerse, al respetable se le despertó hasta el último rescoldo de sus emociones, que salieron en forma de aplausos. Entrega infinita desde el comienzo.

El cantaor abrazaba a Eva, que se revolvía en sí misma, un segundo antes de empezar a cantarle al oído. Bellísimo. La Yerbabuena dijo hace unos días que en este instante con Poveda ella se echa a morir. No es para menos. Pero Poveda no fue la única voz que maravilló a los asistentes, que vieron el cuerpo de Eva enredarse en los cantes de siete artistas, entre los que destacaron Arcángel y Marina Heredia.

Todos habían actuado anteriormente para la artista, por eso se mascaba el reencuentro y la amistad. Ahí estuvo Segundo Falcón arengando a esta joven maestra con una frase graciosísima: «¿Vivan las genios!».

Una serrana extraída de su espectáculo 'A cuatro voces' se plantó en la tarima en segundo lugar. Era 'Tórtola', la noche iba de altos vuelos. En el cante, Pepe de Pura, un habitual de la compañía. Los ocho miembros del cuerpo de baile, a los que cantó de pie De Pura, empezaron sus taconeos y pasos flamencos con el escueto sonido de fondo de la percusión, en una sonoridad que evocaba a una fragua. Irrumpieron las palmas y las guitarras; los bailores, con brío, llevaron hasta las tablas ademanes parecidos a caballos y molinos de viento pellizcados por el duende.

Siguió la noche con 'Torre de la vela', una granaína. El ayeo del principio revoloteó mágicamente endulzando el Generalife tras salir de la garganta de Árcángel. Él le decía a ella: 'Tú llevas una cruz al cuello engarzada en oro y marfil'. Mientras, la bailaora, con la lentitud y el aplomo que la caracterizan, retorció hasta el último centímetro de su piel, movió la bata blanca con vuelos toreros e hizo quiebros de cintura mágicos.

Contemporánea

Junto a Patrick de Bana, estrella de danza contemporánea y colaborador de Eva en dos espectáculos, llegó otro hermoso instante. Juntos recordaron el paso a dos de una seguirilla de 'La Voz del Silencio', de 2002. Una faceta más contemporánea, en la que él -alto y delgado- y ella -baja y zigzagueante- se compenetraron mágicamente. La artista fue abrazada, echada al vuelo, elevada y arrastrada una y otra vez por el torso desnudo del bailarín. El cante gitano de Enrique Soto completó la estampa, en la que voz y movimiento se empastaron como uña y carne.

Algo más tarde llegaría la caña 'Al Quiebro', donde la artista demostró por derecho que tenía los brazos y los pies muy inspirados. Gitana, flamenca, taconeando sin freno y a la perfección, la arropó Segundo Falcón al cante.

Con los tientos tangos de 'Quiero y no quiero', que cantaron Miguel Poveda y una inmensa Marina Heredia, La Yerbabuena terminó de subir la ya de por sí elevada temperatura de la noche. Vestida de rojo y negro, al igual que la cantaora, la bailaora se fue de nuevo a registros puros, tradicionales, con sabor añejo. La voz sacromontana y entregada de la Heredia casó a la perfección con el baile de Eva, que rellenó de vida la letrilla 'Tu vienes vendiendo flores, las tuyas son amarillas y las mías de 'tos' colores'. Lo de anoche no se volverá a repetir. Diez años sólo se cumplen una vez.

mapenalver@ideal.es
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