
La disciplina, la psicología y la inteligencia han sido las armas para poder controlar a más de veinte personas muy distintas; un valor añadido que sin duda enseña, ya que según la coreógrafa «lo que aquí se aprende puede extrapolarse a la vida cotidiana».
Ambiente único
Los alumnos de la escuela son apasionados de la música y la danza. Para conseguir un buen grupo se hizo una audición previa en la que se seleccionaron los bailarines. «Se ha creado un ambiente de pequeña compañía, yo les he enseñado, les expliqué que esto era tan serio como cualquier otro trabajo», cuenta Rovira, que se ha atrevido con este trabajo multitudinario tratando a los bailarines como auténticos profesionales.
Pocos conservatorios son tan abiertos de mente como éste en el que todos los profesores acepten que un alumno esté cada tarde con una coreógrafa -en lugar de ir a la clase correspondiente- para enseñarles a hacer cosas distintas forjando, así, verdaderos profesionales. «Esto es una experiencia pionera en este país, además este conservatorio ha pagado por llevar a cabo este proyecto», subraya orgullosa Rovira.
Nuevas experiencias
Desde el conservatorio, y sobre todo con el trabajo de Rovira, se pretende que los bailarines adquieran experiencias de la vida ya que la danza «te armoniza con la naturaleza y con el mundo y te ayuda a tener respeto a las cosas y a los compañeros». Sara Sánchez, una de las bailarinas, afirma que el relacionarse con gente de otra edad y experimentar con otras especialidades de la danza ha sido «increíble». «Esto es una verdadera oportunidad que sin duda repetiría», apunta entusiasmada. Violeta, una de las más jóvenes, se ha dedicado desde pequeña a lo clásico, y aunque ella sí se pone «un poquillo nerviosa», reconoce que esto es «único en la vida». Daniel, aunque se incorporó tarde a este mundo, explica que «nunca es tarde para vivir este tipo de experiencias».
Los tres jóvenes, gracias al conservatorio, tienen una oportunidad de cumplir su sueño de ser profesionales de la danza.
Para Rovira también es una experiencia: «Esto es como tener un hijo, las coreografías son como pequeños hijos míos que ha costado gestarlos y que nazcan». Y añade: «La gente que conoce a los bailarines se va a sorprender». Seguramente como que el público que asista hoy al espectáculo.









